Un hombre despierta de repente en un banco del Central Park sin recordar su nombre ni su identidad. Confundido pero sereno, examina meticulosamente cada objeto en sus bolsillos: un anillo de oro con las iniciales G.V.
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Un hombre despierta de repente en un banco del Central Park sin recordar su nombre ni su identidad. Confundido pero sereno, examina meticulosamente cada objeto en sus bolsillos: un anillo de oro con las iniciales G.V., una libreta en blanco excepto por un número de teléfono, entradas de cine, cigarrillos. Con creciente inquietud, descubre que le faltan la cartera y el reloj, y se debate entre teorías sobre quién podría ser. Finalmente, se atreve a buscar un espejo.
Un hombre abre los ojos en un banco del Central Park sin saber quién es. No ha dormido mucho, pero se despierta con extraña claridad, como si emergiera de un nebuloso estado. Sabe dónde está —la Quinta Avenida brilla al fondo, Nueva York respira a su alrededor—, pero ignora su propio nombre. La pregunta resuena en su mente con brillante intensidad: ¿Quién soy? Primero parece absurda, pero conforme los segundos transcurren, se convierte en urgente. Intenta recordar, se rodea mentalmente la memoria como un animal preparado para saltar, pero el nombre no viene. El pánico comienza a trepar desde la médula ósea, apoderándose de su rostro, su garganta, su corazón. Con meticuloso cuidado, registra sus bolsillos como un investigador en una escena de crimen. Descubre un anillo de oro con las iniciales G.V., una libreta nueva con un único número de teléfono apuntado, dos entradas de cine, cigarrillos, una estilográfica de oro. Pero no hay cartera, no hay reloj, no hay dinero. Deduce que ha sido robado, aunque los ladrones extrañamente dejaron sus joyas de oro intactas. La mente del desconocido vaga por posibilidades delirantes: ¿Y si es Adlai Stevenson? ¿Y si es Cary Grant? ¿Y si es alguien importante que sale de una reunión política en el Sherry-Netherland? Las risas irónicas de la incertidumbre lo invaden mientras camina hacia el Plaza. Finalmente, se encuentra con su propio reflejo en los espejos de un lavabo. Un hombre de treinta y cinco años, cabello castaño oscuro, ojos azules, rostro bien parecido pero completamente desconocido. Mira al extraño que es él mismo y no lo reconoce. No tiene idea de quién es ese hombre que le observa desde el espejo.
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