Colaboración entre sociólogo y lingüista sobre la lengua española, conjugando el análisis social del idioma con su estructura lingüística. El libro propone que los derechos lingüísticos son individuales, no colectivos, y defiende el acceso…
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Colaboración entre sociólogo y lingüista sobre la lengua española, conjugando el análisis social del idioma con su estructura lingüística. El libro propone que los derechos lingüísticos son individuales, no colectivos, y defiende el acceso a educación en lenguas que garanticen integración social, rechazando tanto la marginación de variantes dialectales como ideologías discriminatorias.
Obra fruto de una singular colaboración entre el sociólogo Amando de Miguel y el lingüista Francisco Marcos Marín, realizada durante su encuentro en la Universidad de Texas en San Antonio en 2008. Este libro surge de la sinergia entre dos tradiciones intelectuales distintas: la sociología empírica que ve la lengua como hecho social, y la filología estructuralista que la concibe como constructo mental organizado.
Los autores ofrecen una reflexión profunda sobre la lengua española desde una doble perspectiva: su dimensión social y su estructura lingüística. Rechazan categorías biologistas que hablan de lenguas que «nacen, viven y mueren», argumentando que son los hablantes quienes poseen estos atributos vitales. Proponen una visión basada en derechos lingüísticos individuales, no colectivos, donde cada persona tiene derecho a hablar su lengua sin ser condenada a la marginación.
El libro se distingue por su posicionamiento ético: defiende que permitir que los hablantes hablen variantes no normativas constituye un «gesto de profundo desprecio» que los condena al gueto y la exclusión social. Los autores abogan por educación de calidad en lenguas que garanticen integración, no por relativismo que abandone a las personas a su suerte. Critican tanto el desprecio ideológico por la pluralidad lingüística como la actitud dilettante que romantiza la pobreza del habla.
El primer capítulo inaugura una cuidadosa distinción conceptual entre lenguaje, lengua e idioma, desmontando mitos sobre niños ferales. Establece que la facultad de lenguaje es biológica e independiente de raza u origen, mientras que la elección de lengua es fenómeno cultural y social.