Seis amigos suben a la montaña de Sant Miquel, en Montornès del Vallès, para acampar la noche de San Juan junto a las ruinas de un viejo castillo.
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Seis amigos suben a la montaña de Sant Miquel, en Montornès del Vallès, para acampar la noche de San Juan junto a las ruinas de un viejo castillo. La excursión, planeada como una celebración de fin de curso tardía, se tuerce cuando empiezan las señales: una sombra entre los árboles, una cadena que se mueve sola, una caricia sin dueño y un pañuelo amarillo que aparece donde no debería. Mientras el grupo se divide entre quienes tienen miedo y quienes se burlan del miedo, Adrià carga con el recuerdo de lo que ocurrió en esa misma montaña exactamente cuatro años atrás.
Es 23 de junio y hace un calor asfixiante. Adrià termina de cargar la mochila que le prestó su tío, se despide a malas de su hermano pequeño y baja al aparcamiento del ayuntamiento, donde le esperan los demás. El plan es sencillo: subir a la montaña de Sant Miquel, comer arriba, montar las tiendas junto a las ruinas del castillo y pasar allí la noche de San Juan. Una ruta fácil, pensada para que también puedan seguirla los que no están acostumbrados a la montaña.
El grupo se ha formado casi por acumulación. Está Xavi, con quien Adrià ha hecho decenas de excursiones. Está Laia, con quien arrastra una conversación pendiente que ninguno de los dos termina de cerrar. Está el Grenyes, que rapea, provoca y no calla nunca. Está Sheila, que ha venido pese a no ser chica de montaña y que no suelta su bolso ni cuesta arriba. Y está Paula, la amiga de Laia que veranea allí desde Madrid, con un carácter áspero que enseguida roza al resto. Antes incluso de arrancar, Adrià levanta la vista hacia una ventana del último piso de un bloque de pisos y cree ver una silueta que le observa desde la penumbra. Cuando Xavi mira, la ventana está vacía.
El ascenso empieza como una excursión cualquiera: bromas, recuerdos del último día de cuarto de ESO, vistas del Vallès, olor a romero. Pero la montaña va soltando avisos que nadie quiere leer. Sheila se rezaga y ve una sombra esconderse en un recodo; poco después descubre que la cadena que cierra el camino se balancea aunque ninguno la ha tocado. Ya en el castillo, durante una foto de grupo con temporizador, Paula siente una mano recorriéndole la espalda y se gira hacia nadie. En la imagen ampliada asoma, detrás de la torre del homenaje, algo que parece un pañuelo amarillo sostenido a propósito para que salga en el encuadre.
La reacción del grupo importa tanto como la amenaza. Las pruebas se discuten, se relativizan y se convierten en munición para las burlas; quien avisa acaba señalada como la paranoica. Paula decide bajar sola y regresa un rato después extrañamente serena, casi otra persona. Para matar el aburrimiento y la mala conciencia, el Grenyes propone jugar a verdad, atrevimiento o prenda, un juego que empieza en risas y va exigiendo cada vez más de cada uno, mientras arriba no hay cobertura y nadie puede llamar a nadie.
Bajo todo ello late lo que de verdad ha traído a Adrià y a Xavi hasta aquí. Hace exactamente cuatro años, el último día de curso, algo ocurrió en esa misma ruta, y los dos amigos sellaron un pacto para no volver a hablar de ello. Adrià sube convencido de que enfrentarse al lugar servirá para dejarlo atrás; en cambio, el camino le devuelve flashes cada vez más nítidos y una imagen de sí mismo que preferiría no reconocer. La cita del inicio —que quien demuestra cualidades extraordinarias es tan excepcional como un mirlo blanco— queda flotando sobre un grupo en el que casi nadie está a la altura de lo que exige la noche.
Narrada en capítulos breves y con una tensión que se administra en detalles pequeños y verificables —una foto, una cadena, un pañuelo—, esta es una historia de terror y suspense juvenil que usa un paisaje reconocible, el de las montañas de la Serralada Litoral asomadas a los polígonos del Vallès, para hablar de culpa, complicidad y del precio de no ser creído. El miedo no llega solo desde el bosque: llega también desde lo que el grupo se hizo a sí mismo cuatro años atrás.
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