Memorias de Vivien Goldman, periodista de Sounds en los años setenta, quien documenta su viaje por la música popular desde la infancia en Londres hasta convertirse en testigo del punk y su transformador impacto en las mujeres músicas.
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Memorias de Vivien Goldman, periodista de Sounds en los años setenta, quien documenta su viaje por la música popular desde la infancia en Londres hasta convertirse en testigo del punk y su transformador impacto en las mujeres músicas. A través de encuentros con figuras legendarias y reflexión sobre la histórica ausencia de voces femeninas en el rock, Goldman teje un relato sobre cómo la contracultura abrió espacios impensables para que las mujeres tomaran el control de sus narrativas artísticas.
Goldman construye un ensayo memorialístico que recupera la historia suprimida de las músicas que se abrieron paso en la escena del rock alternativo británico durante los años setenta. Partiendo de su propia experiencia como hija de familia judía ortodoxa, músico de infancia, estudiante radical bajo Germaine Greer y finalmente periodista en una publicación punk, la autora teje múltiples hilos narrativos que convergen en una pregunta fundamental: ¿por qué las mujeres han sido sistemáticamente excluidas de la historia de la música popular?
El relato comienza con un gesto autobiográfico: el descubrimiento de una guitarrista en un club londinense en 1976, encuentro que la impulsa a escribir el artículo que abre el volumen. Desde ese momento fundacional, Goldman documenta el machismo enraizado en la industria musical, las resistencias que enfrentó como jefa de redacción, y los prejuicios que las propias mujeres interiorizaban sobre sus posibilidades artísticas.
El libro no es una acusación unidireccional. Goldman convierte su trayectoria en puente hacia voces relegadas a la amnesia colectiva: desde Poly Styrene hasta Patti Smith, las Raincoats, las Slits y Siouxsie, figuras que desafiaron estereotipos tomando el escenario sin permiso. Con sobriedad de quien ha presenciado décadas de transformaciones, examina cómo el punk se convirtió en grieta por la cual filtraron nuevas posibilidades de ser mujer en la música.
La “venganza” que da título no apunta a represalia sino a reclamación: derecho a ocupar el espacio negado, controlar los propios medios de producción, sonar como se desea. Goldman rastrea genealogías olvidadas, vincula generaciones de artistas separadas por geografía y época, demostrando que la supervivencia de estas voces es acto de resistencia.