Abbie Cullen despierta en lo que cree un hospital, dolorida y sin recuerdos de ningún accidente. Su marido, Tim Scott, fundador de una empresa puntera de inteligencia artificial, le revela que no hubo accidente: ella murió hace cinco años…
Descargar
Abbie Cullen despierta en lo que cree un hospital, dolorida y sin recuerdos de ningún accidente. Su marido, Tim Scott, fundador de una empresa puntera de inteligencia artificial, le revela que no hubo accidente: ella murió hace cinco años y lo que ahora despierta es un cobot, una máquina empática construida a su imagen y alimentada con sus fotos, mensajes y rastros digitales. Entre la ternura y el espanto, Abbie deberá decidir si todavía es alguien o solo la copia fiel de una ausencia.
La novela arranca con un despertar equivocado: un sueño luminoso de Jaipur, con farolillos y una petición de mano, y después la luz blanca de una habitación llena de máquinas. Abbie Cullen cree haber sufrido un accidente y pregunta por su hijo y por su marido. Tim está allí, llorando de alegría, y tarda en decirle lo que ninguna palabra amortigua: aquel sueño no era un sueño, sino una transferencia de información, y ella es un cobot, un robot de compañía diseñado para aliviar el duelo de quien la perdió.
A partir de ahí el relato avanza en dos voces que se turnan. Una habla de tú, pegada a la conciencia recién encendida de Abbie: el cuerpo que no obedece, la voz monótona, la piel de goma que se desprende y deja ver un cráneo de plástico blanco, la casa de Dolores Street donde todo resulta a la vez familiar y ajeno, los recuerdos que encajan con un clac y los huecos que nadie ha querido llenar. La otra es un coro en primera persona del plural: los ingenieros de Scott Robotics recordando el día en que su fundador decidió contratar a una artista residente, la pelirroja que construía «artefactos venidos del futuro» y que acabaría casándose con el jefe.
El contraste entre ambas líneas sostiene la tensión. En el pasado se levanta el retrato de una empresa mesiánica —jornadas de veinte horas, un líder brillante e impaciente al que se idolatra y se teme, una misión que se perfecciona pero no se discute—; en el presente se acumulan las preguntas que Tim aplaza: cómo murió Abbie, por qué la saca del laboratorio con tanta prisa, qué vio el chófer que le provocó repugnancia. También está Danny, el hijo con síndrome de Heller, cinco años más lejos de la madre que ya no lo reconocerá.
Bajo la trama late una pregunta incómoda: si el afecto puede fabricarse, ¿de quién es la copia y a quién sirve? Con epígrafes de Ovidio y de Skinner, el libro cruza el thriller doméstico con la ficción especulativa y convierte el duelo en un problema de ingeniería —y en un asunto de consentimiento— para una mujer que debe averiguar si aún le pertenece algo de sí misma.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.