Una periodista se detiene a descansar junto a un lago y despierta con una carcajada imposible resonando en el cielo. Después aparecen huellas de un metro, su coche cambia de sitio y una mujer muere aplastada bajo un pie descomunal.
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Una periodista se detiene a descansar junto a un lago y despierta con una carcajada imposible resonando en el cielo. Después aparecen huellas de un metro, su coche cambia de sitio y una mujer muere aplastada bajo un pie descomunal. Nadie la cree, salvo un exguardaespaldas que finge ser violinista. Entre un caserón levantado en horas y un pueblo donde las prometidas de un hombre rico mueren, Raquel busca al culpable: un doctor desaparecido que soñaba con fabricar gigantes.
Raquel Jansen viaja a Hopper-Foile para entrevistar a Maureen Curtis, una bailarina que abandonó los escenarios en la cumbre de su carrera. Una parada junto a un lago quieto y azul le cambia el itinerario: se duerme apoyada en un árbol y la despierta una risa de una potencia que parece abarcar cielo y tierra. Al levantarse encuentra huellas descalzas de un metro de largo internándose en el bosque, y su pequeño deportivo desplazado seiscientos metros carretera adelante, con la llave todavía en su bolso.
Lo que ocurre después la deja sin defensas: una joven pelirroja aparece corriendo entre las sombras, mira hacia las copas de los árboles y grita. Una pierna monstruosa emerge del follaje y la derriba; luego un pie la aplasta con un crujido de huesos rotos. Raquel huye bosque adentro, pasa junto a una casa apenas cimentada y llega a un chalet del que sale música de violín.
Quien abre es David Dillman, atractivo, burlón y muy poco dispuesto a creer en gigantes. El violín, confiesa, es una impostura piadosa: pasó diez años como guardaespaldas de un empresario turbio y ahora ensaya para engañar a la madrina enferma que lo cree concertista. Cuando vuelven al lugar del crimen, la lluvia ha borrado las huellas, el cadáver ha desaparecido y solo queda el coche de Raquel convertido en chatarra en el fondo de un barranco. En cambio, la casa del claro ya está terminada, de piedra y techada, en cuestión de horas.
En el pueblo, la muerta tiene nombre —Anne— y era la prometida de Jack Presley, el hombre más rico del lugar, un hijo obediente que solo se atrevió a buscar esposa tras enterrar a su madre. Apenas un día después ya corteja a otra joven, y el patrón empieza a insinuarse. Raquel, mientras negocia con la exbailarina la compra de su historia, recuerda a un tal doctor Zaroff, que defendía la posibilidad de crear gigantes de cuerpo poderoso y mente dócil, fue internado por locura y se fugó sin dejar rastro.
Con la excusa del reportaje, la periodista se queda y contrata a David como guardaespaldas. La carcajada vuelve a sonar, esta vez para los dos, y la investigación se convierte en una carrera contra una criatura que obedece a alguien escondido tras un nombre corriente de Hopper-Foile.
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