Pepa y Maxi, los detectives de Los Buscapistas, viajan a Longdomcity con el señor Pistas, el abuelo, Bebito y sus mascotas para asistir a una convención de escritores.
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Pepa y Maxi, los detectives de Los Buscapistas, viajan a Longdomcity con el señor Pistas, el abuelo, Bebito y sus mascotas para asistir a una convención de escritores. Un intercambio de maletas en el aeropuerto, un anónimo rescatado de una papelera y la presencia de dos hombres de gabardina convierten el viaje en una investigación. En una ciudad envuelta por la niebla, los niños intentan proteger un manuscrito y descubrir en quién se puede confiar.
Todo empieza con un maullido desafinado bajo una ventana abierta: la señal secreta que Pepa y Maxi usan para avisarse. Esa mañana de domingo trae además una noticia inesperada: el señor Pistas ha sido invitado a la Convención Anual de Escritores y Protagonistas y ha decidido llevarse a los niños. Con el abuelo, el pequeño Bebito, el perro Pulgas y el ratón Mouse, la expedición pone rumbo a Longdomcity, una ciudad de puentes de piedra, un reloj célebre por su exactitud y una niebla baja que, según advierte un taxista de brazos tatuados, conviene no tomarse a la ligera.
El caso llega antes que el equipaje. En la cinta del aeropuerto, tres maletas negras idénticas se cruzan; dos hombres con gabardina beige, gafas oscuras y sombrero vigilan algo que no son sus propias maletas; y una anciana de pelo canoso, lenta pero incansable, parece estar en todas partes. Cuando uno de esos hombres arruga un papel y lo lanza a una papelera, los detectives de Los Buscapistas deciden recuperarlo. El mensaje anónimo, con inconfundible olor a chocolate, apunta a unas iniciales y a un objeto de gran valor.
En el hotel, donde se alojan todos los participantes de la convención, las piezas encajan mal a propósito. La escritora Águeda Cristin reclama una maleta que no es suya, alguien revuelve una habitación y escapa por la ventana, el director francés exige discreción mientras ofrece chocolatinas, una encargada de limpieza aparece donde no debería y el abuelo se deja encandilar por su nueva amistad. Pepa y Maxi reúnen anónimos, sospechas y un detalle revelador en unos zapatos, pero no encuentran ningún adulto dispuesto a tomarlos en serio.
Escrita con humor y ritmo breve, esta aventura combina pistas verificables, gags de mascotas viajeras y una atmósfera de misterio clásico donde nadie es del todo lo que aparenta. Cuando la niebla convierte las calles en un laberinto y dos siluetas idénticas les cortan el paso por delante y por detrás, los pequeños detectives intuyen que el manuscrito no es el único secreto que viajaba con ellos.
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