Stefanie Reed, una joven telefonista de veintitrés años, acepta trabajo en un hotel aislado. Desde su primera noche, fenómenos inexplicables la rodean: grifos que se abren solos, una ventana misteriosamente abierta.
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Stefanie Reed, una joven telefonista de veintitrés años, acepta trabajo en un hotel aislado. Desde su primera noche, fenómenos inexplicables la rodean: grifos que se abren solos, una ventana misteriosamente abierta. Todo comienza cuando, antes de llegar al hotel, presencia desde la distancia la desaparición inquietante de una muchacha en el bosque de una mansión cercana. Mientras el detective del hotel la observa y un extraño pintor le ofrece una suma exorbitante por posar para él, Stefanie debe desentrañar los secretos que el Principal Hotel y sus habitantes guardan celosamente.
Stefanie Reed es una joven de veintitrés años rubia y de singular belleza que, tras responder a un anuncio en el periódico, obtiene un empleo como telefonista en el Principal Hotel, un establecimiento aislado en las afueras de Garmesppon. El viaje para llegar allí es el preludio de un suceso perturbador: desde las ventanas del autocar, utilizando unos prismáticos, Stefanie observa una escena que desafía toda lógica. Una mansión antigua en lo alto de una loma, rodeada de bosque, es el escenario donde un hombre negro de descomunal tamaño persigue a una muchacha vestida con una túnica blanca y una guirnalda de flores rojas. Cuando la muchacha consigue escapar, corre desesperada entre el bosque tupido, hasta que, en un instante que parece sacado de una pesadilla, desaparece literalmente del suelo, como si la tierra la hubiera tragado.
Nadie le cree. El conductor del autocar, los pasajeros, todos descartan su relato argumentando que sus prismáticos la han engañado. Sin embargo, Stefanie sabe lo que vio. Desconcertada pero decidida, llega al Principal Hotel y conoce a su empleador, el señor Clifton Bloomtton, quien le ofrece un trato generoso: una habitación privada en el segundo piso, buen sueldo y un horario que le deja tiempo libre después de las tres de la tarde.
La primera noche se convierte en una sucesión de perturbaciones inexplicables. Grifos abiertos sin su intervención, primero el del lavabo, luego el de la bañera. Cuando finalmente logra estabilizarse, encuentra la ventana de su habitación completamente abierta, dejando entrar el frío cortante de la noche invernal. Antes de cerrarla, vislumbra en la niebla a un niño de aproximadamente diez años que corre entre las sombras. No logra conciliar el sueño.
En los días siguientes, Stefanie observa desde su centralita el ir y venir de huéspedes. Destaca la señora Claisse, viuda adinerada que busca en la bebida el consuelo de sus recuerdos, quien intrigantemente se interesa por Stefanie con preguntas que ocultan una preocupación más profunda. Luego llega la llamada de Bernard Maxwell, un pintor de voz suave que ofrece una suma exorbitante —mil libras— por posar para un cuadro. La proposición despierta desconfianza en Stefanie, quien la rechaza.
Finalmente aparece Warren Fennet: joven alto, fuerte, de cabello oscuro y mirada penetrante, presentándose como el detective del hotel. Su presencia añade otra capa de misterio al ambiente enrarecido. ¿Quién es protegido? ¿De quién? ¿Por qué un hotel de las afueras necesita vigilancia detectivesca? La atmósfera se espesa como la niebla que envuelve Garmesppon. Stefanie, rodeada de personajes cuyas motivaciones permanecen ocultas, debe navegar entre lo sobrenatural y lo criminal en un enigma que amenaza su cordura.
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