Historia general del mundo escrita desde una perspectiva marxista y con una intención declaradamente militante: entender el pasado para poder intervenir en el presente.
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Historia general del mundo escrita desde una perspectiva marxista y con una intención declaradamente militante: entender el pasado para poder intervenir en el presente. Neil Faulkner recorre el arco que va de los primeros homínidos africanos al orden neoliberal contemporáneo, defendiendo que ninguna etapa estaba escrita de antemano y que las transformaciones decisivas —del bipedismo a la agricultura, de las revoluciones a las crisis financieras— nacen del trabajo, la organización y el conflicto entre quienes producen la riqueza y quienes se apropian de ella.
El libro parte de una convicción que su autor no disimula: la historia es un terreno en disputa, y quien controla el relato del pasado condiciona lo que parece posible en el presente. Frente a las versiones que subrayan la continuidad, la tradición y la grandeza de los imperios, y frente a los enfoques que niegan que el devenir humano tenga estructura o sentido, Faulkner reivindica la gran narración explicativa: una historia del mundo que pueda leerse como guía para la acción.
La apertura sitúa la obra en su momento. Escrita al calor de la crisis abierta en 2008 y del ciclo de movilizaciones que encadenó Atenas, El Cairo, Madrid, Estambul y las ciudades brasileñas, la edición en castellano se presenta como una intervención en ese clima: desempleo masivo, austeridad, desigualdades crecientes y, al mismo tiempo, una oleada de protesta urbana protagonizada mayoritariamente por jóvenes. De ahí que el autor dedique páginas a lo que considera las tareas pendientes de todo movimiento de masas —unidad, democracia y claridad de propósito— y a las lecciones que extrae de episodios como la Comuna de París, la resistencia antifascista de 1936 o la Rusia de 1917.
El relato histórico propiamente dicho arranca muy atrás, en los dos millones y medio de años que separan a los primeros fabricantes de instrumentos de las primeras sociedades divididas en clases. Faulkner organiza ese tramo inicial en torno a cuatro rupturas: la aparición de homínidos bípedos capaces de trabajar con las manos, el surgimiento de una especie cuyo motor de cambio deja de ser la biología para pasar a ser la cultura, el tránsito de la recolección a la producción de alimentos y, por último, la agricultura de arado que genera excedentes estables. Lucy en la depresión de Afar, los cazadores de caballos de la garganta de Cheddar, el campamento estacional de Star Carr o las casas comunales del Neolítico jordano funcionan como estaciones concretas de un argumento más amplio: la humanidad se hizo a sí misma resolviendo problemas materiales, y de ese excedente naciente surgieron también las primeras minorías capaces de apropiárselo.
El volumen procede de una serie de entregas semanales publicadas en internet, reagrupadas y revisadas en capítulos más extensos, con introducciones de sección y una bibliografía que invita a contrastar las fuentes. Esa génesis explica su doble lectura posible: como recorrido continuo de principio a fin, o como colección de ensayos breves consultables por separado. El propio autor advierte de sus límites —omisiones, un sesgo europeo y británico que reconoce sin coartadas— y propone al lector un criterio de evaluación: más allá de los errores de detalle inevitables en cualquier obra generalista, lo que se juzga es si el enfoque ilumina el conjunto. El destinatario está claro desde la primera página: quien quiera entender de dónde viene el mundo actual porque aspira a cambiarlo.
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