Tratado apologético que expone las pruebas históricas, dogmáticas y morales de los fundamentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La obra, traducida del francés y publicada en 1846, argumenta que esta es la única iglesia…
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Tratado apologético que expone las pruebas históricas, dogmáticas y morales de los fundamentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La obra, traducida del francés y publicada en 1846, argumenta que esta es la única iglesia verdadera establecida por Jesucristo, presentando su definición, fundación, desarrollo y prerrogativas a lo largo de los siglos.
Este tratado apologético de 1846 presenta una defensa exhaustiva de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana como la única institución eclesiástica verdadera. Escrito originalmente en francés por François Joseph Lafuite y traducido al español por F. Rodríguez, la obra recopila pruebas históricas, dogmáticas y morales de los principales autores de la época, preservando cuidadosamente sus términos originales. La obra comienza estableciendo la naturaleza y definición de la Iglesia como la congregación universal de los fieles que profesan una misma fe, participan de los sacramentos bajo la dirección de pastores legítimos, cuyo jefe visible es el Papa, sucesor de San Pedro. A través de múltiples denominaciones bíblicas —Casa de Dios, Columna y Fundamento de la Verdad, Rebaño de Jesucristo, Esposa de Jesucristo—, el autor expone la riqueza doctrinal del concepto eclesial. El tratado desarrolla posteriormente la fundación y establecimiento de la Iglesia por Jesucristo mismo, quien designó a los Apóstoles, en particular a Pedro, como jefes del nuevo pueblo santo. Se narra la institución de los sacramentos, especialmente el bautismo y la Eucaristía, así como los poderes conferidos a los Apóstoles para la perpetuidad del ministerio apostólico. La obra enfatiza cómo el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en Pentecostés, transformándolos en verdaderos ministros de la Iglesia. Con tono apologético característico del siglo diecinueve, Lafuite rechaza las pretensiones de cismáticos y protestantes a la autenticidad cristiana. El texto afirma que solo la Iglesia Católica posee los caracteres distintivos que garantizan su divinidad, habiendo persistido ininterrumpidamente a través de los siglos bajo la providencia divina.
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