Un hombre al que la vida ha ido desmontando pieza por pieza —el empleo, el matrimonio, el respeto de sus hijos— decide que el culpable con nombre y cargo de su desgracia es el presidente de una compañía telefónica que lleva seis meses sin…
Descargar
Un hombre al que la vida ha ido desmontando pieza por pieza —el empleo, el matrimonio, el respeto de sus hijos— decide que el culpable con nombre y cargo de su desgracia es el presidente de una compañía telefónica que lleva seis meses sin dejarle cancelar una línea fija. Para llevar a cabo el secuestro recluta a un viejo conocido, un vendedor de helados locuaz y obsceno cuya idea de colaborar consiste en no callarse nunca. Entre cafés, ferreterías y una cena disparatada en casa de un aspirante a genio literario, la conspiración avanza más como excusa para conversar que como plan criminal.
El punto de partida es una confesión: un hombre anuncia a un amigo que ha decidido matar al presidente de la compañía telefónica a la que, desde hace medio año, intenta sin éxito darse de baja de una línea fija. La declaración llega envuelta en un inventario de normalidad —pagaba sus facturas, iba a inauguraciones, se detenía en los pasos de cebra— que sirve menos de coartada que de medida del derrumbe posterior: perdió su empleo en una embajada, sustituido por un ordenador; su mujer lo dejó; sus hijos le resultan ajenos y necios; vive solo en un piso vacío con un espejo torcido, bajo las pisadas de una vecina que nunca duerme.
El relato se sostiene casi por entero en el diálogo, y su motor no es el crimen sino el desajuste entre los dos hombres que lo planean. Frente a la determinación metódica del agraviado —una carpeta, un almacén alquilado, una lista de torturas donde caben el pienso para perros, una gallina como confidente forzada y un cuento de Borges leído sin pestañear— se despliega el monólogo incontenible de Muelas, el cómplice: exlicenciado en oficios inverosímiles, hoy heladero ambulante con un loro y carteles absurdos, capaz de desviar cualquier conversación hacia sus proezas sexuales, las servilletas usadas como radiografías del alma o las virtudes comparadas de dos cadenas de hamburguesas. Su vulgaridad festiva y su ternura torpe funcionan como contrapunto: cada vez que el plan amenaza con volverse serio, él lo devuelve al terreno de la anécdota.
La cuenta de agravios burocráticos —esperas eternas, incidencias del sistema, faxes que nadie registra, facturas que siguen llegando— se narra con la precisión de quien ha aprendido a leer una táctica detrás de cada obstáculo, y de ahí nace la lógica del libro: si el sistema es impersonal, hay que darle una cara. Alrededor de esa idea se acumulan confesiones más hondas. Uno cuenta un regreso que lo mató por dentro, un hijo que se ducha vestido y duerme en el asfalto, el impulso recurrente de desaparecer por la puerta trasera en medio de una cena o de una película mala. El otro relata, en un registro entre crudo y compasivo, cómo perdió a la mujer de su vida en una fiesta que se le fue de las manos, y cómo sigue creyendo que la vida es una gran carcajada atravesando la ciudad en coche.
La maquinaria del secuestro avanza en pasos casi domésticos: una comisión negociada a la baja, una licencia de piloto que quizá sirva, un helicóptero prometido, la visita al almacén, la compra de cuerda y de un bebedero para perros. El tramo final que se abre aquí los lleva a hacerse pasar por editores en la casa de un escritor sin publicar que se proclama genio, rodeado de cuadros propios, hijas a las que educa en la astucia, un avestruz en la terraza y una verborrea que supera incluso la de Muelas. La cena, ideada para sonsacar información sobre una convención de la empresa, se convierte en un retrato de la megalomanía creativa y en el espejo cómico de todo lo anterior.
Más que una novela de venganza, el resultado es una comedia negra sobre la impotencia contemporánea: el atentado como fantasía compartida, la conversación como último refugio y la certeza —repetida sin convicción— de que ninguno de los dos está loco.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.