Un duque decidido a casarse sin enamorarse contrata a la casamentera más famosa de Londres, sin prever que el corazón que corre peligro es el suyo… y el de ella.
Descargar
Un duque decidido a casarse sin enamorarse contrata a la casamentera más famosa de Londres, sin prever que el corazón que corre peligro es el suyo… y el de ella.
Londres, 1816. Tristan James Gatewick, duque de Shelbourne, ha sido coronado por la prensa sensacionalista como el soltero más codiciado de Inglaterra, y paga el precio en abanicos pisados, pañuelos caídos a sus pies y debutantes que lo acechan en cada salón de baile. Con el trigésimo primer cumpleaños encima y un ducado que lleva trece años sin heredero, se propone resolver el asunto como resolvería cualquier otro: con método. Quiere una esposa sensata, respetable y elegante; el amor no entra en la lista de requisitos. Lo que necesita es un experto que elimine el azar del mercado matrimonial.
Ese experto resulta ser Tessa Mansfield, una mujer menuda, deslenguada y de veintiséis años a la que la sociedad llama, entre burlas, «la señorita Atrapa-hombres». Tessa empareja por vocación, no por dinero —heredó una fortuna de un tío difunto—, y su especialidad son las jóvenes que nadie saca a bailar. Cuando el duque le rompe el abanico en el baile de los Broughton y ella escapa al descubrir su identidad, ninguno de los dos imagina que al día siguiente él estará en su salón proponiéndole el encargo más incómodo de su carrera: encontrarle esposa.
De ese pacto nace un concurso extravagante en el que un puñado de candidatas compite por la mano del duque bajo la dirección de una casamentera cuyos métodos escandalizan tanto como funcionan. Porque Tessa no piensa entregarle solo una duquesa: quiere demostrarle que el matrimonio puede ser algo más que un contrato bien negociado. El problema es que, mientras observa a las aspirantes disputarse su atención, descubre que preferiría no cedérselo a ninguna. Y él, que se enorgullece de no confundir el deseo con nada más peligroso, empieza a mirar a la organizadora con la misma intensidad con la que debería mirar a las concursantes.
Entre besos robados que ninguno de los dos sabe explicar, una reputación femenina que pende de un hilo y la única regla que una casamentera no debe romper —jamás enamorarse del novio—, la novela avanza con el pulso vivo de la comedia de costumbres: diálogos afilados, un amigo socarrón que profetiza el desastre, y una heroína que carga con un pasado del que casi nunca habla. La pregunta no es si el duque encontrará esposa, sino si sabrá reconocerla cuando la tenga sentada enfrente, tomando notas.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.