En el siglo IV, mientras el Imperio Romano se desmorona bajo invasiones bárbaras, Aquilio asciende como tribuno en Hispania. Hijo de notables de Emerita Augusta, formado por un veterano centenario que ha combatido en todas las fronteras…
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En el siglo IV, mientras el Imperio Romano se desmorona bajo invasiones bárbaras, Aquilio asciende como tribuno en Hispania. Hijo de notables de Emerita Augusta, formado por un veterano centenario que ha combatido en todas las fronteras imperiales, dirige tropas contra alanos, suevos y vándalos. Entre intrigas de poder imperial y el caos de la época, debe equilibrar lealtad política con supervivencia, atrapado en el colapso del imperio.
Comitatus acompaña el destino de Aquilio a través del colapso del Imperio Romano tardío. Nacido en el seno de la influyente familia Albo de Emerita Augusta, cuya fortuna proviene de extensas posesiones en las fértiles tierras del río Anas, el joven Aquilio crece rebelde e indómito, resistente a los convencionalismos que su padre anhela imponerle. Su verdadera vocación reside en la milicia. Bajo la tutela del centenario Manlio —veterano templado en el Rhenus bajo Juliano, en Oriente bajo aquel mismo emperador convertido en Augustus, en el Danuvius bajo Valentiniano y en África bajo el comes Teodosio— absorbe los arcanos de la organización militar romana, la táctica de combate y la jerarquía que sostiene el poder imperial. La novela alterna entre el pasado de Aquilio, aguardando la mayoría de edad para vestir la toga viril e integrarse al ejército, y escenas del presente que lo muestran ya como tribuno. El prólogo, situado en 413 cerca de Toletum, lo presenta conduciendo un ataque coordinado contra guerreros alanos que saquean un fundo. Su precisión táctica y el sacrificio de sus hombres revelan a un oficial formado en la disciplina romana, pero también exponen la cruda realidad del imperio: apenas treinta jinetes y poco más de cien infantes por unidad, cuando los tiempos clásicos congregaban centenares. Conforme progresa la narrativa, el lector contempla cómo el imperio es consumido desde dentro por conflictos sucesivos y desde fuera por la presión incesante de pueblos germánicos. Los alanos, suevos, vándalos y otros bárbaros no son amenazas remotas sino realidades palpables que devoran las provincias hispanas desde múltiples direcciones. El relato examina la fidelidad política en momentos donde usurpadores desafían la autoridad central y donde la lealtad se torna dilema ético irresuelto. A través de Aquilio, la novela retrata la tensión entre el deber imperial, el honor militar y la supervivencia en un mundo que se desmorona.