Primer libro de Manuela Lorenzo, creadora de la cuenta @come.consciente, con más de un centenar de recetas caseras y saludables pensadas para compartir: panes integrales, dips, ensaladas agridulces, tartas de vegetales y platos de todos…
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Primer libro de Manuela Lorenzo, creadora de la cuenta @come.consciente, con más de un centenar de recetas caseras y saludables pensadas para compartir: panes integrales, dips, ensaladas agridulces, tartas de vegetales y platos de todos los días que priorizan lo simple, lo sano y lo rico.
Manuela Lorenzo tenía dieciséis años cuando empezó a mirar la comida de otra manera. Un tratamiento nutricional acompañado por su familia no solo le devolvió el equilibrio con su cuerpo: le despertó una vocación. De ahí en más, la cocina saludable dejó de ser una obligación y se volvió un juego —recetas encontradas en las redes, ensayos que salían espectaculares y otros que fracasaban rotundamente, fotos de platos enviadas a amigos y hermanas— hasta que ese juego se transformó en una cuenta de Instagram y esa cuenta en una comunidad de casi doscientas mil personas.
‘Come consciente’ es el primer libro que nace de ese recorrido. Reúne recetas organizadas por momentos y funciones antes que por ceremonias: lo que sirve para arrancar el día, lo que se pica de pie mientras llegan los invitados, lo que acompaña un plato principal, lo que se comparte en una mesa larga. Hay panes integrales con semillas y chapatis que se cocinan en sartén, granolas extracrocantes y tostadas francesas con toppings a elección, quesos untables de semillas de girasol y hummus en versión clásica o teñido de rosa con remolacha. Hay sopas cremosas, morrones rellenos con huevo y provolone, tartas de calabaza con cebollas caramelizadas, ensaladas donde la pera acaramelada se encuentra con un queso fuerte, y una constelación de dips, pestos y aderezos que reaparecen a lo largo del libro como piezas intercambiables.
La propuesta no es restrictiva sino aritmética en el mejor sentido: cantidades reales, pensadas para comer en compañía o para congelar y estirar durante la semana si se vive solo. Cada receta viene etiquetada —sin gluten, vegana, vegetariana, sin harinas refinadas, sin azúcar, agridulce— de modo que quien cocina pueda orientarse rápido según lo que necesite o le apetezca, y casi siempre trae un tip: cómo volver vegana una preparación omitiendo la miel, cómo transformar una ensalada en guacamole, cuánto dura un frasco en la heladera.
El tono es el de una amiga que dicta la receta por teléfono. Las indicaciones son directas, las opiniones no se ocultan (el ajo es innegociable, el pan de masa madre es el que mejor va) y la clave de cocción muchas veces es sensorial: guiarse por el aroma y el color del pan dentro del horno. Detrás de esa informalidad hay un criterio sostenido, el que da título al libro: comer con conciencia, sin fanatismos, buscando en la simpleza lo necesario para construir una relación armoniosa con la comida. Como resume la propia autora, la idea es dejar de comer y empezar a alimentarse —sin resignar en el camino que todo resulte exquisito.
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