Compendio de cien textos breves que recorren el oficio policial, la criminología aplicada, la seguridad vial y la ética periodística, con algún relato y algún poema intercalados.
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Compendio de cien textos breves que recorren el oficio policial, la criminología aplicada, la seguridad vial y la ética periodística, con algún relato y algún poema intercalados. Su autor, policía local, criminólogo y periodista, escribe desde la calle y desde el turno de noche, con lenguaje llano y sin rodeos, para responder dudas de ciudadanos y profesionales. Cierra el conjunto una mentira reservada al final, guiño que da título y sentido al recorrido.
Cien verdades y una mentira reúne un centenar de piezas breves escritas desde una posición poco frecuente: la de quien patrulla de noche y, a la vez, sabe mirar su propio oficio con herramientas de criminólogo y de periodista. El resultado no es un manual ni un ensayo académico, sino un mosaico de artículos, reflexiones, algún relato y algún poema, agrupados en torno a cuatro territorios que en la práctica se solapan: el trabajo policial, las ciencias criminológicas, la seguridad vial y el modo en que los medios cuentan los sucesos.
La primera parte entra directamente en la jornada de un agente: el turno que empieza a las diez de la noche, el aniversario de boda que se queda sin cena, la alcoholemia que consume tres horas de papeleo, el aviso que interrumpe el descanso. De ahí surgen asuntos que el libro no esquiva —el desgaste familiar del trabajo a turnos, la distancia entre la norma escrita y lo que un agente puede realmente hacer, la diferencia entre mirar, ver y observar entendida como destreza profesional— y también una mirada hacia quienes suelen aparecer solo como molestia en un aviso vecinal, como las personas sin hogar.
El bloque vial se apoya en la experiencia del autor en investigación de siniestros y delitos contra la seguridad vial, un ámbito donde las reglas cambian casi cada año y donde las cifras, recuerda el libro, esconden personas. El bloque periodístico defiende una idea exigente de la profesión: veracidad, presunción de inocencia, respeto a la intimidad de las víctimas y rechazo del sensacionalismo que añade dolor al dolor.
Cuatro prólogos —de un criminólogo, un inspector de policía local, una periodista y un responsable de tráfico— enmarcan el volumen desde cada uno de esos mundos. El tono es cercano y directo: señala puntos débiles sin faltar al respeto y busca lectores distintos, policías, criminólogos, educadores viales, periodistas, estudiantes, víctimas y público general. La mentira anunciada en el título queda para el final, como cierre y como invitación a leerlo todo con espíritu crítico.
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