Dos octogenarios adinerados y dos jóvenes ambiciosas se sientan a la misma mesa creyendo cada uno que es el cazador. Ambientada en Santo Domingo y narrada con el habla viva de la calle dominicana, esta comedia de engaños convierte el…
Descargar
Dos octogenarios adinerados y dos jóvenes ambiciosas se sientan a la misma mesa creyendo cada uno que es el cazador. Ambientada en Santo Domingo y narrada con el habla viva de la calle dominicana, esta comedia de engaños convierte el coqueteo interesado en un duelo de astucias donde el dinero es la carnada, el alcohol el arma y la trampa siempre tiene dos filos.
Pedro Brito escuchó una vez que para el amor no hay edad, y decidió tomárselo al pie de la letra. A sus ochenta años se tiñe el pelo, revisa sus canas en el reflejo de una licorera de bolsillo y alquila un departamento secreto que su esposa jamás conocerá: un refugio de lujo, alfombras finas y piso de mármol, forrado de reliquias y de cuadros célebres cuyos ojos parecen seguir a quien entra. A esa doble vida arrastra a Juan Severino Mota, su compinche de infancia, un hombre de barriga generosa y peluquín mal acomodado que ríe todas sus ocurrencias.
Las presas elegidas son Rosa e Isa Dora —a quien todos llaman Chapi—, dieciocho y veinte años, una morena de rizos luminosos y una rubia de ojos azules, que llevan tiempo dejándose cortejar sin ceder nada a cambio. Ellas también tienen su método: estudian a sus objetivos como los delincuentes estudian sus vueltas, salen de su escondite solo en el instante del ataque y saben exactamente cuánto vale una sonrisa ensayada. Cuando las carteras infladas se dejan ver «sin querer», ambas aceptan por fin la invitación al departamento.
Lo que sigue es una noche de whisky servido como agua, brindis, halagos y cálculos silenciosos, en la que cada bando cree estar emborrachando al otro. La mañana llega con dos ancianos desnudos sobre la alfombra, sin recuerdos, sin dinero y con una prenda íntima abandonada como falsa prueba de una hazaña que nunca ocurrió. Pero en esa habitación hubo un testigo que nadie contó: los ojos de un retrato que no eran solo pintura.
Semanas después, un reencuentro casual en el restaurante donde todo empezó reabre la partida. Hay champán para todo el salón, promesas, modales impecables que despiertan sospechas demasiado tarde, y una cuenta que alguien tendrá que pagar. Con refranes, chispa popular y una mirada mordaz sobre la codicia de ambos bandos, la novela avanza hacia una revancha planeada con frialdad, donde subestimar al contrario resulta el error más caro de todos. Nadie es inocente, nadie es del todo listo, y la carnada casi siempre termina comiéndose al pescador.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.