Un ensayo sobre el auge del populismo y la fragilidad de la democracia liberal. El economista chileno Óscar Landerretche rastrea, desde la crisis financiera de 2008 hasta las urnas de Budapest, São Paulo o Marsella, las raíces culturales,…
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Un ensayo sobre el auge del populismo y la fragilidad de la democracia liberal. El economista chileno Óscar Landerretche rastrea, desde la crisis financiera de 2008 hasta las urnas de Budapest, São Paulo o Marsella, las raíces culturales, económicas y filosóficas de un fenómeno global que comparte cuatro motores: radicalidad, antielitismo, antiglobalización y un nuevo nacionalismo. Y advierte que, detrás de la etiqueta, lo que de verdad se teme son dos cosas viejas: el cesarismo y la demagogia.
«Chacota» abre con un funeral: el de las utopías liberal y socialista, sepultadas entre eslóganes vacíos, tarjetas impagas y noticias falsas ante una concurrencia de presidentes, jueces y comisarios. Con esa parodia inicial, Óscar Landerretche fija el tono de un ensayo que se propone entender —sin coartadas de bando— por qué el populismo avanza en elecciones nacionales, asambleas de barrio, podcasts y sobremesas familiares de medio mundo.
El libro empieza por desarmar la palabra. Su origen se rastrea hasta los «populares» de la República romana y su pugna con los «optimates», un debate que, como diría Twain, no se repite pero rima. De ahí el autor extrae dos sinónimos más precisos que la etiqueta corriente: cesarismo —el vínculo directo entre un líder virtuoso y «su» pueblo, que esquiva partidos e instituciones supuestamente capturadas— y demagogia —la mentira deliberada, a veces justificada como recurso para «correr el cerco» ideológico—. Quien denuncia populismo, sostiene, casi siempre denuncia personalismo o embuste, y teme lo que ambos incuban.
Sobre esa base, el diagnóstico se despliega en capas. La crisis subprime de 2008 aceleró hasta una velocidad inmanejable la transformación de las clases medias industriales del mundo desarrollado, y arrastró consigo a las clases medias nuevas y frágiles de los países emergentes, atadas al mismo ciclo por la división global del trabajo. Pero ninguna crisis económica es solo económica: la conmoción se volvió epistemológica y cultural, y sacudió las reglas heurísticas y los sentidos comunes con que cada persona completa lo que no alcanza a comprender.
Organizado en tres partes, el volumen expone primero las razones teóricas del embate populista contra el estado de derecho; luego indaga el origen cultural, económico, filosófico y psicológico del contrato social —con el pacto fáustico, y el cine mudo de Murnau, como imagen de la élite que negocia con el diablo por compasión—; y finalmente examina qué hacen los cambios tecnológicos y sociales con las instituciones, para pensar la reforma constitucional fuera de la caja.
Landerretche escribe desde la economía, pero cruza sin pudor hacia la religión, el cine, la música y la matemática, en la línea accesible e interdisciplinaria de su libro anterior sobre la posverdad. Su conclusión es simple de enunciar y exigente de cumplir: reformar a fondo democracia, república y Estado para actualizar el software del contrato social sin sacrificar las libertades que dice proteger.