Dos agentes de la DEA cuentan, en primera persona, cómo persiguieron durante años al capo del cartel de Medellín. Steve Murphy y Javier F. Peña alternan sus voces para reconstruir el miedo cotidiano, las amenazas directas, la vida blindada…
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Dos agentes de la DEA cuentan, en primera persona, cómo persiguieron durante años al capo del cartel de Medellín. Steve Murphy y Javier F. Peña alternan sus voces para reconstruir el miedo cotidiano, las amenazas directas, la vida blindada en Bogotá y el trabajo codo a codo con la Policía Nacional de Colombia. Un relato de investigación y supervivencia que va de la infancia de ambos a las calles de una ciudad sitiada por los sicarios más jóvenes y violentos del continente.
Un sábado por la tarde, en un apartamento con vistas a los Andes, suena el teléfono y una voz conocida pronuncia una frase que lo cambia todo: el hombre más buscado del mundo sabe dónde vives. Con esa escena arranca el testimonio conjunto de Steve Murphy y Javier F. Peña, los dos agentes de la Agencia Antidrogas estadounidense que dedicaron años de su carrera a la caza del jefe del cartel de Medellín.
El libro avanza en capítulos alternos, cada uno con su propia voz. Peña recuerda el rancho familiar del sur de Texas, la enfermedad de su madre, la abuela que le enseñó a mantener la calma y aquel primer viaje de cinco horas hacia su beca en una penitenciaría estatal. Murphy reconstruye una infancia baptista entre Tennessee y los Apalaches, el negocio de moquetas que su padre esperaba heredarle, el examen para entrar en la policía que hizo a escondidas y la primera redada antidroga que organizó en su día libre, con diecinueve años recién cumplidos.
Esas dos trayectorias confluyen en Colombia, donde la amenaza deja de ser abstracta. Hay tanques en el aeropuerto, coches con planchas de acero y ventanillas que no se pueden abrir, radios de emergencia que a veces nadie contesta, un miniuzi guardado bajo un nombre en clave. Hay también la sospecha permanente de la corrupción, la memoria de compañeros asesinados en otros países y la certeza de que el objetivo conoce sus nombres y apellidos porque la inteligencia lo ha escuchado pronunciarlos por teléfono.
Más allá de la persecución, el relato retrata el entramado que la hizo posible: el Bloque de Búsqueda y sus centenares de agentes colombianos, los archivos y las escuchas, las estrategias que se fueron improvisando sobre la marcha. Y retrata también la ambigüedad de la figura perseguida, temida por unos y venerada por otros en los barrios donde levantó viviendas y canchas deportivas.
Escrito sin distancia profesional ni triunfalismo, es el relato de dos hombres corrientes que aceptaron un encargo extraordinario y admiten, ahora que pueden, hasta qué punto tuvieron miedo.