En el salvaje Oeste, Aldo Ray, un joven de veintiséis años, es obligado a cavar su propia tumba por el bandido Yal Banto. Cuando Beverly asesina a su cómplice para quedarse con sesenta mil dólares robados, Aldo debe luchar por su vida.
Descargar
En el salvaje Oeste, Aldo Ray, un joven de veintiséis años, es obligado a cavar su propia tumba por el bandido Yal Banto. Cuando Beverly asesina a su cómplice para quedarse con sesenta mil dólares robados, Aldo debe luchar por su vida. Herido pero victorioso, carga el cadáver de Banto hasta la ciudad minera de Weaverville esperando cobrar tres mil dólares de recompensa. Sin embargo, el marshall local cuestiona los detalles de su historia.
La pradera árida del Oeste americano se convierte en escenario de un drama de vida y muerte cuando Aldo Ray, un joven de apenas veintiséis años, es sorprendido por dos hombres armados. Lo obligan a descender de su caballo con una orden brutal: cavar. La fosa que excava será su propia tumba. Yal Banto, el bandido más temido desde Texas hasta Oregón, supervisa con indiferencia asesina. A su lado está Beverly, elegantemente vestido, sosteniendo un rifle apuntado al pecho de Aldo. Su plan es implacable: usarán el cuerpo del joven como prueba falsa de la muerte de Yal Banto para cobrar los tres mil dólares de recompensa. Pero la traición anida en Beverly. No compartirá el verdadero botín: sesenta mil dólares robados. Con un disparo certero mata a Yal Banto, luego ordena a Aldo entrar en la fosa. Lo que sucede es puro instinto de supervivencia. Con tierra en los ojos de Beverly y la pala como arma, Aldo lo hiere gravemente y lo obliga a huir, llevándose los caballos. En un giro del destino, esa muerte evitada se convierte en oportunidad. Aldo carga el cadáver de Yal Banto sobre sus hombros y emprende un viaje de seis millas hacia Weaverville, la ciudad minera más revoltosa de Oregón. Su objetivo es entregar el cuerpo y cobrar la recompensa que le permitirá sentar cabeza y fundar un hogar. Cuando llega cubierto de polvo, su éxito parece asegurado. El marshall Pettet corrobora la identidad del bandido mediante los pasquines de búsqueda. Pero las preguntas surgen como espinas. El marshall requiere detalles precisos: dónde ocurrió el encuentro, cómo murió exactamente, dónde está el rifle. Cada aspecto es examinado con escepticismo. El dinero no está disponible en Weaverville. Debe esperar a que llegue desde Canyon City. Lo que comenzó como salvación se transforma en prueba de paciencia. Aldo mantiene su historia intacta mientras el representante de la ley sospecha que algo no encaja.