Entre agosto de 1545 y octubre de 1552, Pedro de Valdivia despachó desde Santiago, La Serena y Concepción una serie de cartas al emperador Carlos V, al príncipe don Felipe, al Consejo de Indias, a sus apoderados en la corte y a los…
Descargar
Entre agosto de 1545 y octubre de 1552, Pedro de Valdivia despachó desde Santiago, La Serena y Concepción una serie de cartas al emperador Carlos V, al príncipe don Felipe, al Consejo de Indias, a sus apoderados en la corte y a los hermanos Pizarro. En ellas narra la fundación de ciudades, el hambre y la guerra continua, las deudas contraídas para sostener la empresa y los méritos que espera ver recompensados. Es a la vez crónica de una conquista y alegato personal ante la corona.
El volumen reúne la correspondencia que Pedro de Valdivia envió desde el extremo austral del imperio español entre 1545 y 1552. Los destinatarios ordenan la lectura: el emperador, el príncipe heredero, el Consejo de Indias, los apoderados del autor en la corte y los Pizarro, cada uno con un registro distinto de cortesía, cálculo y confidencia.
El núcleo es el relato de una empresa que estuvo a punto de deshacerse. Valdivia recuerda que nadie quería seguirlo a una tierra desacreditada tras el regreso de Almagro, que debió comprar soldados «a peso de oro» y endeudarse en cifras que detalla una por una. Cuenta la fundación de Santiago del Nuevo Extremo en 1541, el incendio de la ciudad por los naturales alzados, los tres años de hambre en que la ración era un puñado de maíz, la siembra hecha con las armas a cuestas y el viaje de Alonso de Monroy al Perú en busca de socorro. También la llegada de los navíos, el reconocimiento de la costa hacia el estrecho de Magallanes y la fundación de La Serena a mitad de camino.
Junto a la crónica corre un segundo texto: el memorial de servicios. Cada penalidad se enumera como título para pedir mercedes, confirmación del gobierno y amparo para los suyos. El autor se describe sucesivamente como gobernador, capitán, padre, amigo, trazador de ciudades, repartidor de aguas y labrador, y sostiene que avanza «con el pie de plomo», poblando antes que buscando oro.
Escrito desde el lado del conquistador, el conjunto deja ver además aquello que no se propone contar: la resistencia organizada de los pueblos del Mapocho, de los promaucaes y de Itata, el trabajo forzado en las minas, los ahorcamientos, la guerra sin tregua. El lector actual encuentra ahí un documento doble —testimonio y autodefensa— cuyo valor histórico no depende de que se acepte la versión de quien lo firma. La prosa, urgente y concreta, mide el mundo en leguas, hanegas de trigo, caballos muertos y castellanos de oro; en sus mejores páginas alcanza una sequedad que todavía impresiona.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.