Un mandarín chino viaja mil años al futuro mediante un sorprendente salto temporal. En este mundo radicalmente transformado, encuentra una ciudad irreconocible, poblada por extraños gigantes de voces estridentes, vehículos de hierro…
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Un mandarín chino viaja mil años al futuro mediante un sorprendente salto temporal. En este mundo radicalmente transformado, encuentra una ciudad irreconocible, poblada por extraños gigantes de voces estridentes, vehículos de hierro veloces y un idioma imposible de comprender. A través de cartas dirigidas a su amigo en el pasado, relata su peregrinaje por un futuro caótico y perturbador, mientras aguarda el momento exacto para regresar a su tiempo.
Kao-tai, un culto mandarín de la antigua China, emprende un audaz viaje temporal gracias a un ingenio matemático ideado por su amigo Dji-gu. Su destino es el futuro lejano, mil años adelante. El viaje transcurre sin percances, pero al despertar se encuentra en un mundo completamente irreconocible.
La ciudad que conocía ha desaparecido. Donde antes se erigían majestuosos palacios y se respiraba un aire de serenidad, ahora se alzan torres de casas apiladas unas sobre otras, envueltas en humo y hollín. Las colinas han sido arrasadas, los árboles apenas sobresalen entre construcciones, y un ruido ensordecedor domina cada momento del día y la noche. El Canal de las Campanas Azules sigue siendo el mismo, pero el puente sobre él es diferente, tosco y mal cuidado; la ciudad entera refleja una extraña negligencia.
Lo más desconcertante es la gente. Los habitantes de este futuro son seres altos y corpulentos, con rasgos que desconciertan al mandarín: narices desproporcionadamente grandes, ropas grises artificiales, voces profundas que claman constantemente. Hablan un idioma completamente incomprensible, una lengua que ha mudado tan radicalmente en mil años que parece imposible que sean verdaderos descendientes.
Entre el caos y el desconcierto, Kao-tai encuentra aliados inesperados. El señor Shi-shmi se convierte en su guía en este mundo perturbador, ayudándole a descifrar las costumbres y el idioma de esta civilización futura. A través de él, el mandarín comienza a comprender poco a poco los secretos de este futuro trastornado.
Pero quizás lo más aterrador son los vehículos de hierro: máquinas enormes sin caballos que se desplazan a velocidades inimaginables, cruzándose entre sí de manera vertiginosa en calles de piedra. Son tan rápidos que Kao-tai apenas puede verlos; apenas aparecen por un lado cuando ya desaparecen por el otro.
Obligado a esperar ocho meses para el regreso programado, Kao-tai relata su experiencia mediante cartas que deposita en el «punto de contacto», un misterioso lugar donde puede comunicarse con su amigo Dji-gu en el pasado. Estos escritos revelan a un hombre profundamente conmovido por el choque cultural, nostálgico de su tiempo, reflexivo sobre la inmensidad incomprehensible del tiempo mismo. Porque mil años, como descubre el mandarín, no es simplemente un largo período que se puede contar: es una montaña colosal de tiempo, una separación entre dos mundos tan radical que convierte al presente en un lugar completamente ajeno.
Una meditación poética sobre el viaje temporal, el progreso, la alienación y la nostalgia, contada a través de los ojos atónitos de un hombre cultivado sumergido en un futuro que desafía toda comprensión.
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