Crónica periodística del éxodo centroamericano de octubre de 2018: más de un mes de camino junto a miles de personas que salieron de Honduras rumbo a la frontera norte, contado desde dentro y a ras de suelo, con nombres, duelos y…
Descargar
Crónica periodística del éxodo centroamericano de octubre de 2018: más de un mes de camino junto a miles de personas que salieron de Honduras rumbo a la frontera norte, contado desde dentro y a ras de suelo, con nombres, duelos y decisiones concretas en lugar de cifras abstractas.
En octubre de 2018 miles de personas salieron de San Pedro Sula caminando hacia el norte. La cifra nunca fue estable —siete mil, cinco mil, ocho, once mil—, pero la distancia sí: más de cuatro mil seiscientos kilómetros hasta la frontera con Estados Unidos. Este libro es el registro diario de ese trayecto, levantado por un reportero que viajó con la caravana desde el cruce entre Honduras y Guatemala hasta los días finales del éxodo en un albergue de Tijuana, ya con la Navidad encima.
La obra evita el resumen y elige la proximidad. Están los campamentos improvisados donde se hacinan familias enteras, el agotamiento y la enfermedad, las madres con hijos pequeños, los ancianos, los adolescentes que salieron solos. Están los gases lanzados contra mujeres embarazadas y niños cuando la presión de la multitud empuja contra las vallas. Y está, sobre todo, la vida cotidiana de una marcha: las filas por comida, las mantas repartidas, los teléfonos prestados para escuchar la voz de una madre o un hijo que quedaron atrás, las esperanzas sobredimensionadas y los desengaños que llegan puntualmente.
El relato arranca por el final de una de esas historias. Un adolescente hondureño que se sumó al segundo grupo de la caravana con tres playeras, dos mudas y cuarenta dólares en el bolsillo regresa a su país dos meses después dentro de un ataúd, en la bodega de un avión de carga, entregado a su madre en la zona de paquetería de un aeropuerto. A partir de ahí el libro retrocede hasta el barrio del que salió: una colonia levantada por invasión hace décadas, sin servicios ni Estado, donde la autoridad efectiva la ejercen chicos casi imberbes que vigilan los accesos, donde el retrato familiar de la pared tiene más muertos que vivos y donde el estigma del domicilio basta para que nadie te contrate. La reconstrucción de esa genealogía de violencia —un feminicidio fundacional, hermanos asesinados o desaparecidos, trece balazos sobrevividos en un autobús— explica sin subrayados por qué alguien decide caminar hacia lo desconocido.
El libro rehúye tanto la santificación como la satanización de sus protagonistas. Hay fe y horror, entereza y mezquindad, compromisos genuinos y oportunismos evidentes; hay pasados truculentos y hay vidas absolutamente comunes. La caravana funciona aquí como una fotografía a escala de valores que no son exóticos ni ajenos: la determinación de tener algo mejor, la disposición a asumir riesgos por ello, la voluntad de formar parte. Un prólogo enmarca esa lectura recordando que la historia migrante es una sola y muy antigua, y que la epopeya que se celebra cuando la protagonizan unos se convierte en amenaza cuando la protagonizan otros.
El resultado no es un informe ni un expediente. Es un libro sobre la experiencia humana escrito desde el barro, con el rigor de quien anota todos los días y la incomodidad de quien no puede mantener la distancia. Pone en color lo que suele contarse en blanco y negro: gente que solo pide una oportunidad. Una.