Un músico revisita su vida a través de cincuenta canciones que le marcaron, y en cada una encuentra una historia: el dato oculto, el azar de un estudio de grabación, el recuerdo personal que la volvió inolvidable.
Descargar
Un músico revisita su vida a través de cincuenta canciones que le marcaron, y en cada una encuentra una historia: el dato oculto, el azar de un estudio de grabación, el recuerdo personal que la volvió inolvidable.
Hay libros de música escritos desde la butaca del crítico y otros escritos desde el escenario. Este pertenece a la segunda clase. Su autor —guitarrista, cantante y compositor de una de las bandas que definieron el pop español de los años ochenta— elige medio centenar de canciones y las convierte en capítulos breves donde conviven tres registros que rara vez caben juntos: la memoria íntima, la investigación documental y la escucha técnica de quien sabe cómo se construye un tema.
El recorrido es deliberadamente indócil. Un instrumental de easy listening que sonaba de fondo mientras el autor hacía los deberes de niño convive con un himno de rock californiano, un tango porteño interpretado en Lavapiés, una copla, un poema de García Lorca cantado por un genio del flamenco, punk neoyorquino, soul, country, canción francesa y pop italiano. La selección no obedece a jerarquías de prestigio ni al canon de los grandes éxitos: cuando le toca elegir entre los títulos más célebres de un autor, el libro prefiere casi siempre el que permite decir algo nuevo.
Ese criterio revela su propia lógica página a página. Muchas de estas canciones no llegaron por la vía culta, sino en casetes de oferta comprados en bares de gasolinera durante las giras interminables por carretera: paradas para llenar el depósito, un café y un puñado de recopilatorios que después sonaban en la furgoneta durante horas. De ahí nace una educación musical sin fronteras de género, capaz de admirar al mismo tiempo la orquestación de un compositor vienés de Hollywood y el desgarro de un cantaor gaditano.
Cada capítulo funciona como una pieza autónoma. El autor sitúa la canción en su contexto, reconstruye cómo se grabó, quién la escribió y qué imprevistos la moldearon —un solo de flauta improvisado por un músico que pasaba por el pasillo del estudio, un riff soñado de madrugada y grabado a toda prisa antes de volver a dormirse, un productor que decide poner versos surrealistas de teatro sobre un palo flamenco—, y traduce lo que hace que un arreglo, una voz o cinco notas de guitarra resistan el paso de las décadas. Junto a los datos aparece siempre el testimonio: el encuentro fugaz que no se atrevió a completar, el disco que sirvió de bálsamo tras una ruptura, la tarde de piscina de un verano de infancia.
El resultado es a la vez un libro de escuchas y una autobiografía oblicua. Al hilo de los temas elegidos desfilan los primeros grupos anteriores a la fama, las noches de una escena madrileña efervescente, los clubes pequeños donde se estrenaban bandas improbables, las compañías de discos independientes y los amigos con los que compartió sellos, baterías y trayectos. Lo que emerge no es la nostalgia de una época, sino un retrato de cómo se forma un oído: por acumulación, por casualidad, por préstamos confesados a los maestros y por una curiosidad que nunca aceptó que hubiera géneros mayores y menores.
Quien lo lea con calma descubrirá anécdotas que se le escapan incluso al aficionado experto, pero también algo menos frecuente: la explicación honesta de por qué una canción concreta, y no otra, merece quedarse enmarcada.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.