Primera entrega de la serie Hot For Sports, una novela romántica de ambientación deportiva situada en Denver. Jake Nash, estrella del fútbol americano profesional conocido por la afición como Powerhouse Jake, regresa a casa tras una gira…
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Primera entrega de la serie Hot For Sports, una novela romántica de ambientación deportiva situada en Denver. Jake Nash, estrella del fútbol americano profesional conocido por la afición como Powerhouse Jake, regresa a casa tras una gira agotadora para reencontrarse con la hermana adolescente a la que crió y con la tía que sostuvo a ambos después de la muerte de sus padres. En paralelo, Alyssa Ryan, recién graduada en diseño gráfico y escéptica ante el deporte, acepta a regañadientes la invitación de su primo a un partido en el Mile High. Dos vidas que aún no se han cruzado avanzan hacia el mismo estadio.
El fútbol americano abre el libro como algo más que un juego: una disciplina que exige sacrificio, agresión y un sentido casi religioso de la pertenencia. Desde ese pórtico entra Jake Nash, jugador profesional de los Denver Broncos al que los aficionados llaman Powerhouse Jake. En el campo es imparable; fuera de él arrastra un pasado que el deporte le ayudó a sobrevivir y una carrera que lo mantiene lejos de lo único que le queda de su familia.
La novela lo encuentra al final de una gira castigadora, en unos entrenamientos que el equipo cumple como penitencia después de una derrota humillante. Ahí se dibujan las tensiones del vestuario: el enfrentamiento entre un quarterback de mecha corta y un compañero al que Jake se siente obligado a proteger, aunque nunca se hayan caído bien. La rivalidad entre ambos viene de lejos, de un instituto donde el padre de uno abrió puertas para los dos y solo uno de ellos llegó a la cima. El regreso a Colorado trae alivio: el coche de lujo, el ático con vistas, el chef personal, todos los signos de una vida que Jake construyó desde la pérdida. Pero lo que de verdad lo devuelve a sí mismo es la vieja casa de estuco blanco donde creció, la tía Maurine, que envejeció cuidando de dos huérfanos, y Rebecca, la hermana de diecisiete años que ya no se deja llamar por su apodo de niña y que guarda secretos pequeños —un cigarrillo en el fondo del jardín— que le recuerdan a Jake todo lo que se pierde estando de gira.
En una línea narrativa paralela, y con voz propia, aparece Alyssa Ryan. Corre de madrugada por el placer de comprobar que su cuerpo obedece, acaba de cerrar sus años universitarios con un título en diseño gráfico y trabaja en una imprenta mientras espera el empleo que de verdad quiere. Su casa es ordenada y afectuosa; su primo Matt, más hermano que primo, es el contrapunto perezoso y encantador que la desafía a todo, incluida una carrera matinal que pierde con estrépito. La revancha llega en forma de apuesta doméstica: si ella se burla del fútbol sin haber pisado un estadio, tendrá que acompañarlo al Mile High en dos semanas. Sus padres, cómplices, cierran filas contra ella.
Hay también una herida reciente. Alyssa ha pasado más de un año intentando dejar atrás una relación que la vació antes incluso de terminar mal, y sus amigas Tanya y Grace insisten, entre cócteles de jueves y un vestido rojo demasiado ajustado para su gusto, en que la única forma de seguir adelante es mirar hacia delante. Ella acepta la noche, pero pone sus condiciones: nada de aventuras, nada de para siempre. Solo copas.
El primer libro de la serie construye con paciencia ese cruce anunciado: un deportista que lo tiene todo salvo tiempo para los suyos y una mujer decidida a no volver a perderse en nadie. Entre entrenamientos, cocinas familiares y luces de club, la novela alterna la primera persona de ambos protagonistas para contrastar dos maneras de entender la disciplina, la lealtad y el miedo a depender de otro. El estadio, todavía a dos semanas de distancia, se perfila como el punto donde esas dos vidas están a punto de chocar.
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