Un canadiense afincado en España regresa a un pueblo de Cantabria cuando desaparece la hermana gemela de una vieja conocida, y el hallazgo de un cuaderno oculto convierte la búsqueda en un rastro que atraviesa Europa, archivos…
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Un canadiense afincado en España regresa a un pueblo de Cantabria cuando desaparece la hermana gemela de una vieja conocida, y el hallazgo de un cuaderno oculto convierte la búsqueda en un rastro que atraviesa Europa, archivos eclesiásticos y un enigma histórico que alguien lleva un siglo intentando enterrar.
Todo empieza con una llamada un sábado por la mañana. Daniel Steelman, profesor de idiomas canadiense instalado en Valladolid, oye al otro lado del teléfono la voz rota de Raquel: su hermana gemela María ha desaparecido tras una noche corriente en Suances, y su coche sigue aparcado frente a la discoteca. Daniel conduce dos horas bajo la lluvia sabiendo exactamente lo que le espera, porque él ya vivió esto: su propia hermana pequeña, Céline, se esfumó hace más de diez años en Nuevo Brunswick, y desde entonces organiza su vida alrededor de una regla sencilla —no encariñarse con nadie— y de los narcóticos que mantienen a raya las pesadillas.
La novela arranca, sin embargo, fuera de tiempo: en el bar de un hotel suizo, alguien graba con el móvil un mensaje de despedida, convencido de que quienes vienen a por él no tardarán en llegar. Esa grabación pende sobre todo lo demás como una promesa de lo que va a ocurrir.
En Cantabria, Daniel acepta convertirse en portavoz de una familia a la que el pueblo mira de reojo: una madre internada y ausente desde la noche en que apareció semiinconsciente a las puertas de la iglesia, una tía, Clara, que ha sostenido lo que quedaba, y un sargento de la Guardia Civil que no ve más que a una mayor de edad con derecho a no volver a casa. Sin denuncia que prospere ni investigación abierta, Daniel hace lo único que sabe hacer: mirar. Y en el cuarto de María —un espacio de orden casi obsesivo— encuentra un cajón que no cierra bien y, detrás, dos cuadernos escondidos. Uno es el diario de la chica, mudo desde hace años. El otro es un moleskine antiguo, escrito en un inglés impecable con una letra que no es la suya, firmado solo con tres iniciales y con una recompensa por su devolución declarada como “incalculable”.
A partir de ahí la búsqueda se desdobla. La trama presente lleva a Daniel de las cuevas y túmulos del norte de Europa a los despachos del Observatorio Vaticano y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entre sacerdotes que investigan el cielo, otros que vigilan la ortodoxia y un párroco de pueblo que sabe más de lo que dice. Detrás asoma un secreto que se remonta a finales del siglo XIX, a un abad de una parroquia perdida en el sur de Francia que se hizo inexplicablemente rico, a sus vecinos muertos en circunstancias que nadie aclaró, y a los herederos que en los años sesenta compraron aquellas propiedades y empezaron a hacer preguntas.
Estructurada en tres partes y un prólogo circular, la novela avanza por capítulos fechados y geolocalizados que saltan entre épocas y países, y mezcla personajes de ficción con figuras reales identificadas por el propio autor. Daniel busca a María, pero cada paso lo devuelve a Céline y a la sospecha de que la desaparición que arruinó su vida y la que ahora investiga no son casualidades independientes. Lo que descubre no es solo dónde está la chica, sino qué clase de conocimiento vuelve peligroso a quien lo toca.