Arashi, hijo del maestro del mejor dōjō del sur del continente, viaja al torneo Hinode que se celebra en su propia ciudad: la ceremonia que lo convertirá de niño en samurái.
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Arashi, hijo del maestro del mejor dōjō del sur del continente, viaja al torneo Hinode que se celebra en su propia ciudad: la ceremonia que lo convertirá de niño en samurái. Entre acertijos sobre las siete fortunas, una carrera nocturna por encender la almenara más recóndita, partidas de shōgi y una travesía a caballo por las colinas, el muchacho de melena blanca descubre que el Camino del guerrero se mide tanto en cortesía y paciencia como en destreza. Primer libro de la saga Bushidō de Irene J. García.
En el Imperio de Nounmura, cada cierto tiempo las escuelas piden al emperador la celebración del torneo Hinode, una prueba a la que acuden aspirantes de todos los clanes para cruzar el umbral que separa la infancia de la vida adulta y ser declarados samuráis. Ese año le toca a la ciudad de Arashi, y él ha sido elegido para representar al clan Ashita.
Arashi tiene la melena blanca de quienes, según la leyenda, nacen tocados por la gracia de Benzaiten, y los ojos verdes que su madre hace destacar con un kimono esmeralda bordado de nubes. Hijo de Yūdachi, maestro del dōjō y sobrino del señor feudal del sur, ha crecido convirtiendo cada reproche de su hermano mayor, Dai, en una lección: donde el pequeño pone humildad y hambre de afecto, el mayor solo ve arrogancia. Tiene pocos amigos, muchas horas de entrenamiento y una convicción intacta: si gana el torneo, quizá vea al fin una sonrisa de complicidad en el rostro de su hermano.
Las pruebas se suceden sin tregua y ninguna es solo de fuerza. En una pagoda de siete pisos dedicada a los dioses de la suerte, tres jueces lo esperan tras puertas abiertas al azar: un anciano ciego que sirve té sin vacilar y pregunta qué guarda Hotei en su saco; una samurái de cabello nevado que lo invita a tocar el koto que su madre le enseñó a puntear; un hombre del clan del norte que quiere saber si cree en las historias sobre resucitar a los muertos. Después llega la caza nocturna de la almenara escondida, donde Arashi aprende que pensar antes de correr vale más que salir primero, y donde un pacto arriesgado con una arquera del clan Iama le gana una rival honorable y también un enemigo herido en su orgullo. Vendrán la poda de un bonsái que sus manos, hechas a las armas, apenas saben acariciar; una partida de shōgi frente a un guerrero curtido que le deja una advertencia incómoda sobre los generales que piensan demasiado mientras sus hombres mueren; y una carrera a caballo por las colinas, de noche, sin haber comido ni dormido, con los combates finales esperando al día siguiente.
En el camino, Arashi ofrece guiar a los forasteros que no conocen las sendas, conversa con dos hermanos que corren uno al lado del otro, y descubre que las virtudes del bushidō —cortesía, benevolencia, honestidad, coraje, justicia, lealtad y honor— no se recitan: se prueban. Ambientada en un mundo de clanes, matrimonios concertados, artistas enmascarados y bosques donde alguna vez acecharon monstruos, esta primera entrega abre una saga de aprendizaje y honor en la que el viaje de un muchacho, como el del legendario samurái Hinode, apenas comienza cuando cree haber llegado.