Un recorrido en clave divulgativa y humorística por el deseo femenino contemporáneo, construido a partir de testimonios anónimos de mujeres que, al calor del fenómeno editorial erótico de los últimos años, se atrevieron por fin a poner en…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Un recorrido en clave divulgativa y humorística por el deseo femenino contemporáneo, construido a partir de testimonios anónimos de mujeres que, al calor del fenómeno editorial erótico de los últimos años, se atrevieron por fin a poner en palabras lo que antes callaban. El libro reúne relatos en primera persona —desde la estudiante enganchada a un artista esquivo hasta la exprofesora que redescubrió el placer a los cincuenta— y los acompaña de un comentario que analiza, sin ánimo de manual clínico, qué mecanismos encienden el deseo, qué prejuicios lo apagan y por qué tantas mujeres necesitaron una excusa externa para hablar de sexo con naturalidad.
Durante décadas, la fantasía sexual se consideró territorio casi exclusivamente masculino. Esta obra parte de una constatación distinta: existe un número mucho mayor del que se supone de mujeres que han vivido su erotismo como algo ajeno —«el sexo es algo que existe, pero no en mí»— y que, tras la irrupción de la literatura erótica de gran consumo, han empezado a nombrar en voz alta lo que antes se disimulaba bajo el pudor, la educación recibida, los complejos físicos o los lastres religiosos.
El material procede de fuentes muy diversas: relatos de mujeres anónimas, la colaboración de una sexóloga y su gabinete de terapia de pareja, el caudal inagotable de foros y consultorios de internet, y los testimonios recibidos a través del blog de la autora. Con ese archivo se compone una cartografía del deseo organizada en tres movimientos. El primero, la «preparación», examina qué tipo de hombre actúa como detonante para cada mujer y desmonta la idea de un único ideal: el ausente que fascina precisamente porque no se deja conocer, el atormentado cuyo pasado difícil alimenta la fantasía del rescate, el que seduce con humor e inteligencia emocional, el que sólo necesita su físico, el complaciente que cede siempre las riendas. A ello se suma un capítulo sobre las artes de la seducción —la espontaneidad, la escucha, el atractivo del poder económico— y otro sobre las «salvadoras», ese perfil recurrente de mujer convencida de que su entrega redimirá al infiel, al egoísta o al que huye del compromiso.
El segundo bloque, el más extenso, despliega un catálogo de fantasías agrupadas por familias: intimistas (la erótica del poder, lo romántico, los placeres domésticos), exploradoras (lo prohibido, los encuentros con desconocidos, el sexo entre mujeres, los tríos, las ciberfantasías, el intercambio de parejas), fetichistas (uniformes, olores, voyeurismo y exhibicionismo, juguetes) y las inspiradas en el BDSM, con sus juegos de dominación, servidumbre y ataduras. El tercero, el «clímax», se ocupa de verbalizar el deseo, de vivir el sexo sin complejos y del papel que corresponde a ellos en todo este proceso.
El tono es deliberadamente antisolemne. Cada testimonio —Andrea y su dependencia de un escenógrafo inaccesible, Karen y los seis años sosteniendo a un hombre incapaz de entregarse, Isabel y el cómico que compensaba con monólogos lo que no lograba en la cama, Maider y su monitor de surf australiano, Dolo y aquel primer orgasmo compartido en una barca— va seguido de un comentario que ironiza sin juzgar y que señala el mecanismo psicológico en juego: la dependencia, el mito del amor romántico que todo lo vence, la necesidad de control, la diferencia entre el bloqueo interno y la supuesta impericia del otro.
El resultado no aspira a ser un tratado de sexología, y así lo advierte de entrada, sino una aproximación narrada al renacimiento de una sexualidad que estuvo mucho tiempo enterrada. Su apuesta de fondo es sencilla y firme: el placer es una búsqueda, empieza por conocerse a una misma y por desprenderse de los miedos heredados, y nunca es tarde para emprenderla.