Manual clínico dedicado en exclusiva a la bulimia nerviosa, dentro de una serie de guías de intervención en psicología. Recorre la definición del trastorno, su evolución histórica y los criterios diagnósticos sucesivos, para después…
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Manual clínico dedicado en exclusiva a la bulimia nerviosa, dentro de una serie de guías de intervención en psicología. Recorre la definición del trastorno, su evolución histórica y los criterios diagnósticos sucesivos, para después detenerse en las causas, la evaluación y el tratamiento. Su eje es la difusión práctica del abordaje cognitivo-conductual: sistematiza sesión a sesión un programa adaptado y añade material dirigido al propio paciente.
La obra parte de una decisión poco habitual en la literatura en castellano: separar la bulimia nerviosa de la anorexia y tratarla como cuadro autónomo, con su propia historia, su propia investigación y sus propias exigencias terapéuticas. Sobre esa base construye un recorrido que va de la descripción clínica al manual de trabajo.
El primer tramo reconstruye el itinerario del concepto: el origen etimológico del término, las menciones antiguas al hambre extrema, los episodios de hiperfagia documentados entre los siglos XVI y XIX, y la lenta separación respecto de la anorexia hasta que, en 1979, Russell delimita el trastorno tal como hoy se entiende. A partir de ahí se comparan los criterios diagnósticos de la CIE-10 y de las sucesivas ediciones del DSM, y se examinan uno a uno los elementos que definen el cuadro: qué cuenta como atracón y qué no, la sensación de pérdida de control, las conductas compensatorias purgativas y no purgativas, y el miedo a engordar como motor del mantenimiento. Se detalla también la sintomatología asociada —consecuencias físicas del vómito y del abuso de laxantes, síntomas depresivos, ansiedad, cuadros multi-impulsivos— junto con datos epidemiológicos.
Los capítulos centrales ordenan la etiología en factores predisponentes, precipitantes y de mantenimiento, y repasan los modelos explicativos disponibles, desde el adictivo hasta la doble vía. La evaluación se organiza por áreas y por instrumentos: entrevista, autoinformes y autorregistros, con atención al diagnóstico diferencial.
El bloque de tratamiento define objetivos, describe técnicas conductuales y cognitivas y revisa críticamente los programas más empleados, incluidos los abordajes interpersonal, psicoeducativo y farmacológico. Culmina en una propuesta de intervención estructurada paso a paso, con pautas de evaluación, problemas frecuentes y una guía final pensada para entregar al paciente. La autora insiste en un punto: disponer de un protocolo no exime del análisis funcional individualizado, que sigue siendo la base sobre la que adaptar cualquier tratamiento estandarizado.