Joseph T. Watson es un abogado especializado en investigación legal informatizada que trabaja en un bufete de prestigio. Su rutina se divide entre analizar datos digitales complejos e investigar casos de plagio en videojuegos.
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Joseph T. Watson es un abogado especializado en investigación legal informatizada que trabaja en un bufete de prestigio. Su rutina se divide entre analizar datos digitales complejos e investigar casos de plagio en videojuegos. Sin embargo, su vida cambia radicalmente cuando es designado para defender a un acusado de asesinato federal: un crimen cometido con motivación de odio contra una víctima afroamericana sorda. A pesar de su inexperiencia en tribunales, Watson deberá confrontar el mayor desafío de su carrera profesional y reavivar sus ideales abandonados como abogado defensor de los marginados.
Joseph T. Watson es un hombre atrapado entre dos mundos. Recién graduado de la Facultad de Derecho, trabaja como investigador legal informatizado en el bufete Stern, Pale & Covin, uno de los más prestigiosos de la ciudad. Su vida profesional discurre entre pantallas de ordenador, bases de datos legales y la redacción de memorandos para socios destacados. Watson es un especialista en litigios de derechos de autor, particularmente en el emergente mundo de los videojuegos digitales. Su día comienza como tantos otros: presenta a su mentor Arthur Mahoney un informe sobre dos decapitaciones casi idénticas en videojuegos medievales de la empresa Subliminal Solutions. Los juegos ‘Matanza’ y ‘Matadero griego’ comparten similitudes inquietantes: el mismo castillo de piedra, la misma forma de ejecutar enemigos, incluso las mismas secuencias de sangre. Watson ha trabajado horas facturables analizando cada detalle visual, desde el tipo de arma utilizada hasta la trayectoria de las arterias seccionadas. Es abogacía de precisión, de datos, de máquinas. Pero mientras Watson regresa a su cubículo, aparece un mensaje del juzgado federal. El juez Stang lo ha nombrado defensor de oficio para un caso de asesinato. Su cliente es acusado de cometer un crimen motivado por odio: la víctima fue una persona afroamericana sorda asesinada en una base militar, situando el caso bajo jurisdicción federal. La fiscalía busca la pena capital. Watson nunca ha pisado un tribunal como abogado. La ironía es brutal: un hombre que domina la precisión del análisis informático debe enfrentarse a los aspectos más imprecisos del sistema de justicia penal. Siente pánico, alega incompetencia. Pero bajo ello late algo más: una tentación silenciosa. En su juventud, Watson soñaba ser como Clarence Darrow, abogado que defendía marginados. Luego llegó el matrimonio, los hijos, las hipotecas. Las ambiciones románticas fueron reemplazadas por hojas de horas facturables. Un caso de asesinato sin honorarios podría recuperar esos ideales perdidos. Pero también destruiría su equilibrada vida corporativa y el frío desprecio de Sandra, que valora la estabilidad sobre la gloria.