Un fotógrafo de la revista de una pequeña universidad holandesa retrata al rector desnudo, celebrando una victoria de remo, y esa imagen lo convierte en cómplice de la leyenda del hombre más carismático del campus.
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Un fotógrafo de la revista de una pequeña universidad holandesa retrata al rector desnudo, celebrando una victoria de remo, y esa imagen lo convierte en cómplice de la leyenda del hombre más carismático del campus. Años después, en un tren atestado rumbo a Bruselas, reconoce a la madre de su antigua novia y comprende que nada de aquel esplendor sobrevivió. Entre esas dos escenas cabe la historia de una familia deslumbrante y de su desmoronamiento, contada por quien la miró desde el visor.
Todo empieza con un apretón de manos. Un domingo de 1996, Aaron —fotógrafo alto y calvo de la revista universitaria— es llevado a la granja de los Sigerius para ser presentado oficialmente como novio de Joni, y lo primero que reconoce en su futuro suegro no es la fama, sino unas orejas de coliflor: la condecoración inconfundible del yudoca que se ha dejado la vida en el tatami. Siem Sigerius es un hombre imposible de resumir. Campeón frustrado por un accidente absurdo semanas antes de los Juegos de Múnich, matemático prodigioso surgido de una escayola y un libro de problemas encontrado por azar, medallista Fields, rector convertido en el científico predilecto de la televisión holandesa. Aaron lo ha admirado desde el sofá de la casa de sus padres, en Venlo, y ahora desayuna con él, discute de jazz con él, entrena con él dos veces por semana y duerme con su hija en el cuarto de invitados de su casa.
La novela avanza sobre esa intimidad improbable y la va socavando desde dentro. El campus —un puñado de facultades plantadas en el bosque, entre lagunas y polen, con los edificios dormidos como dinosaurios— funciona a la vez como paraíso recordado y como escenario de una vanidad colectiva: todos giran alrededor del rector, todos quieren su favor, todos alimentan los rumores que la famosa fotografía desató. La imagen del hombre desnudo, con la corbata del club de remo como única prenda y el tatuaje japonés sobre el corazón, se reproduce en camisetas, carteles y puertas de lavabo, y sirve de cerradura por donde se cuelan las versiones oscuras de una biografía demasiado perfecta.
El relato se cuenta desde después. Ocho años más tarde, Aaron viaja en un expreso a Bruselas cuando reconoce, sentada frente a él, a Tineke, la madre de Joni: adelgazada, endurecida, decidida a fingir que no lo ve. Ese encuentro mudo, sostenido durante kilómetros de paisaje valón, es el hilo por el que se descuelga la memoria. De él sabemos lo justo y lo suficiente: que en noviembre de 2000 algo estalló en pedazos, que hubo un desastre en Enschede, que hoy vive medicado en un pueblo belga rodeado de árboles, haciendo fotos de carnet para colegios y organizando su existencia alrededor de una sola tarea, evitar.
Con una prosa densa, física y llena de humor cruel, la obra alterna la euforia de la juventud con el pudor del superviviente, y construye el retrato de un ídolo desde la mirada de quien lo quiso, lo fotografió y no supo, o no quiso, preguntarse por qué había sido admitido tan fácilmente en el círculo. Una historia sobre el prestigio y su reverso, sobre las familias que parecen sólidas hasta que dejan de serlo, y sobre lo que queda cuando la admiración se convierte en pesadilla recurrente.