Una historia del Ferrocarril Transiberiano que va mucho más allá de la ingeniería: el relato de cómo una línea de más de nueve mil kilómetros, impulsada por la voluntad de un zar, transformó Siberia, precipitó guerras y revoluciones, y…
Descargar
Una historia del Ferrocarril Transiberiano que va mucho más allá de la ingeniería: el relato de cómo una línea de más de nueve mil kilómetros, impulsada por la voluntad de un zar, transformó Siberia, precipitó guerras y revoluciones, y redibujó el equilibrio político entre Europa y Asia durante todo el siglo XX.
Antes de que existieran los raíles, cruzar Siberia era una empresa que podía consumir un año entero. Los viajeros se confiaban a los tarantás —cestos de mimbre montados sobre traviesas— o a los trineos de invierno, dormían sobre pieles en casas de postas infestadas de ratas y cucarachas, esquivaban témpanos en los vados de los grandes ríos y temían a las bandas de presos fugados que acechaban en las cercanías del camino. Ese territorio inmenso, equivalente en superficie a toda Norteamérica más Europa, apenas contaba con población y era conocido sobre todo como destino de destierro: un millón de personas fueron enviadas allí entre 1800 y la Primera Guerra Mundial, en un sistema penal tan corrupto que muchos condenados solo existían en los registros que permitían a sus carceleros cobrar por ellos.
Este libro reconstruye cómo, contra toda lógica económica, aquella Rusia todavía feudal, con una red ferroviaria más lenta y más pobre que la europea, decidió tender la línea terrestre más larga jamás construida. La obra recorre las tres décadas de debates y planes descartados que precedieron a la decisión imperial, el papel decisivo de Serguéi Witte —político y administrador de talento infrecuente—, y el hecho asombroso de que la construcción se completara en apenas un decenio pese al clima, las epidemias, la escasez de materiales y mano de obra y los desfalcos generalizados.
El relato deja claro que no existe un único Transiberiano. La ruta enteramente rusa entre Moscú y Vladivostok no se cerró hasta 1916, con el difícil Ferrocarril del Amur; antes, el trayecto hacia el Pacífico atravesaba Manchuria por el Ferrocarril Oriental Chino, una elección de trazado cuyas consecuencias resultaron devastadoras. De ella derivaron la guerra rusojaponesa, el eco del alzamiento fallido de 1905 y buena parte de la inestabilidad que desembocó en 1917. Más tarde, el trazado oriental se identificaría con el Baikal-Amur Magistral, el mayor proyecto ferroviario del mundo y también uno de los más costosos en términos humanos y ambientales.
Alrededor de la vía se ordena así medio siglo de historia rusa: los primeros viajeros y sus crónicas pintorescas y a veces peligrosas; la migración masiva que convirtió Siberia de presidio en tierra prometida, con millones de colonos y una agricultura y una industria nacientes; el tren blindado de Trotski y la guerra civil que decidió la suerte de la Revolución; los gulags y las purgas estalinistas; el traslado de la industria hacia el este ante el avance alemán, y el largo epílogo de la posguerra.
Escrito a partir de fuentes históricas y de un viaje propio por la línea, el libro también desmonta mitos. Frente a la imagen occidental de una empresa condenada al fracaso por la incompetencia y la corrupción rusas, defiende que el resultado fue una de las grandes maravillas de la ingeniería y una de las principales arterias del planeta: una infraestructura que transformó la región que atraviesa y el país entero que la levantó, y sin la cual los mapas actuales de Europa y Asia tendrían probablemente otro aspecto.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.