Un magnate acostumbrado a resolverlo todo con dinero decide que también puede contratar la llegada de su heredero, y elige para ello a la secretaria discreta que lleva año y medio trabajando a pocos metros de su despacho sin que él le haya…
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Un magnate acostumbrado a resolverlo todo con dinero decide que también puede contratar la llegada de su heredero, y elige para ello a la secretaria discreta que lleva año y medio trabajando a pocos metros de su despacho sin que él le haya dirigido nunca la palabra. Ella acepta porque las deudas de su hermano menor pesan más que su orgullo, pero impone una condición que él no había previsto: si va a traer a ese niño al mundo, no piensa desaparecer después. Lo que empieza como un contrato con cláusulas claras se enreda en cuanto ambos descubren que el acuerdo exige una intimidad que ninguna cifra puede ordenar del todo.
Kyle Dale dirige una corporación que su familia ha levantado durante generaciones y ha llegado a una conclusión fría: necesita un heredero, no una esposa. Descarta el matrimonio por convicción y descarta a las mujeres de su entorno por interesadas, así que aplica al problema el mismo método que emplearía en una fusión. Encarga un informe, revisa antecedentes y llega a un nombre que tenía delante desde hacía año y medio: Jade Brown, su secretaria. Puntual, reservada, ajena a los rumores de oficina, brillante lo bastante para haber cruzado la universidad con beca tras quedar huérfana a los dieciséis. En su lógica de expedientes, ella reúne todo lo que quiere heredar: cabeza, disciplina y una humildad que no se compra.
Jade, por su parte, sostiene una vida que se le escapa entre facturas. Trabaja, paga, y vuelve a pagar cada vez que Josh —su hermano menor, pintor, incapaz de mantenerse lejos de las mujeres equivocadas y de las peleas que vienen con ellas— arrastra a los dos a una deuda nueva. Cuando el jefe con el que nunca ha hablado la llama a su despacho, ella supone un despido. Lo que recibe es una propuesta: él cancela cada deuda y añade dos millones de dólares; ella concibe a su hijo.
La negociación revela enseguida el punto donde los cálculos de Kyle fallan. Él ofrece libertad; ella no la quiere. Antes que la salida limpia, Jade exige estar presente en la vida del niño, y prefiere renunciar al dinero a renunciar a eso. Él cede, y añade su propia condición: nada de clínicas ni procedimientos, la concepción será natural. Ella firma el trato sin confesarle que nunca ha estado con nadie.
A partir de ahí la novela alterna las voces de ambos, y la distancia entre lo que cada uno dice y lo que piensa se vuelve el verdadero motor del relato. Kyle sostiene el marco contractual mientras revisa en secreto manuales sobre cómo ser el padre que el suyo nunca fue: presente en los partidos, en las bicicletas, en los días de escuela. Jade descubre el deseo tarde y sin manual, y trata de convencerse de que el vértigo que siente es solo química, no otra cosa. Entre reuniones de trabajo, cheques que llegan por importes que la avergüenzan, madrugadas de comisaría por culpa de Josh y noches en un ático que huele a un hombre que le paga por gestar, ambos empiezan a habitar un acuerdo que ya no se parece al que negociaron.
Romance contemporáneo de oficina con dinámica de jefe y empleada, embarazo pactado, primera vez y escenas de contenido sexual explícito, narrado en primera persona alternada a lo largo de veintiún capítulos y un epílogo. Una historia sobre lo que ocurre cuando dos personas intentan poner precio a un vínculo que se niega a comportarse como una transacción.
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