En el Barbastro de comienzos del siglo XIV, tres comunidades —cristiana, judía y musulmana— comparten calles, mercado y oficios bajo la autoridad de la Corona de Aragón.
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En el Barbastro de comienzos del siglo XIV, tres comunidades —cristiana, judía y musulmana— comparten calles, mercado y oficios bajo la autoridad de la Corona de Aragón. La novela de José Manuel Surroca sigue a señores, adelantados, notarios y aprendices en una ciudad donde el trato cotidiano funciona hasta que la violencia llegada del otro lado de los Pirineos lo pone todo a prueba. Un relato de vecindad, ambición y afectos que cruzan la frontera de la fe.
Una mañana helada de enero, Teresa de Entenza contempla desde la torre del castillo la ciudad que gobierna. Está embarazada, viaja hacia Montpellier por encargo de la casa real aragonesa y aprovecha la escala para recorrer el mercado y la morería de su señorío. De ese paseo aparentemente menor nace el primer hilo de la trama: la muchacha que atiende el mostrador de la carnicería es invitada a entrar al servicio de la condesa, y con ella se pone en marcha un juego de gratitudes, expectativas y deudas que atravesará a varias familias.
El escenario es Barbastro en las primeras décadas del siglo XIV, una población aragonesa donde conviven las tres religiones del Libro. La novela reconstruye ese equilibrio desde abajo: la disputa por la concesión de la tabla municipal, los impuestos que ahogan a la aljama judía, las reuniones en la sinagoga ante un infante de paso, la casa del notario que madruga antes del canto del gallo, el taller de platería donde un aprendiz musulmán y otro judío se conocen tiritando de frío en la puerta. El autor fecha cada capítulo simultáneamente en los tres calendarios —cristiano, islámico y hebreo—, un gesto que resume la propuesta del libro: un mismo día, tres maneras de nombrarlo.
Sobre ese tejido doméstico se proyecta la política de los reinos. Jaime II maniobra en Montpellier frente a la presión francesa, prepara financiación para una campaña contra Granada y protege a las aljamas de realengo por razones que mezclan el afecto declarado con el interés fiscal; en la corte, la fragilidad del heredero empuja al infante Alfonso hacia una primera línea que no había buscado. Los grandes asuntos llegan a Barbastro convertidos en visitas, cenas, memoriales y promesas que alguien tendrá que cumplir.
La convivencia, sin embargo, tiene un límite. Desde el sur de Francia avanza la horda de los pastorcillos, y su paso por las juderías del norte peninsular marca el punto de inflexión hacia el que el relato camina desde la primera página. Cuando la solidaridad y el amor entre personas de distinta confesión dejan de ser una anomalía tolerada para volverse peligrosas, cada personaje descubre cuánto pesa realmente su lealtad.
Novela histórica de ritmo pausado y abundante documentación, atenta a los oficios, las vestiduras, los precios y las jerarquías municipales, ofrece un retrato de la vida cotidiana medieval aragonesa donde lo íntimo y lo político se explican mutuamente. Interesará a quien busque ficción histórica bien anclada en el detalle y a quien quiera asomarse a una época en la que la vecindad entre credos fue posible, y también reversible.