Un fragmento de Skylab cayó en 1979 en el desierto australiano y quedó años como adorno frente a una casa en Kiwirrkurra. Cuando su dueño intenta quitarle el óxido con un remedio casero, despierta algo que llevaba una década latente dentro…
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Un fragmento de Skylab cayó en 1979 en el desierto australiano y quedó años como adorno frente a una casa en Kiwirrkurra. Cuando su dueño intenta quitarle el óxido con un remedio casero, despierta algo que llevaba una década latente dentro del tanque. En 1987, dos agentes de la Agencia de Defensa Nuclear y una microbióloga vuelan al otro extremo del mundo sin saber a qué se enfrentan. Lo que traen de vuelta viaja en una caja metálica, camino de una mina sellada bajo tierra.
La novela abre con una lección de historia natural: el organismo vivo más grande del planeta es un hongo que lleva ocho milenios matando árboles a noventa centímetros por año. La advertencia es sencilla y queda flotando sobre todo lo que sigue: otros hongos son mucho más rápidos.
De ahí saltamos a una carretera de Kansas, donde Roberto Díaz y Trini Romano escoltan un camión hacia las cuevas de Atchison, un almacén estatal de máxima seguridad excavado en una antigua mina de caliza. Vienen de quemar su ropa y raparse la cabeza para que les permitieran volver a entrar en el país. Discuten sobre huellas en el salpicadero porque es más fácil que hablar de los cuatro días anteriores.
La historia retrocede entonces a ese origen. Comandante de la Fuerza Aérea con una hoja de servicios impecable y una vida planificada al milímetro, Roberto forma equipo desde hace siete años con Trini, teniente coronel de mirada implacable y sin ningún filtro entre lo que ve y lo que dice. Trabajan de dos en dos, sin preguntas ni presupuesto, neutralizando programas de armas ajenos. Dieciséis misiones a sus espaldas; ninguna se parece a esta.
En el avión los espera la doctora Hero Martins, microbióloga especializada en vigilancia epidemiológica, que trae un dosier y seis horas de explicación. No es un asunto nuclear ni exactamente un arma biológica: es un tanque de oxígeno del Skylab caído sobre una comunidad pintupi aislada en el desierto de Gibson, un experimento olvidado de los años setenta y un hongo que la química accidental de un vecino sacó de su latencia. Hero le pone nombre a lo que cree que ha nacido de ahí, y el nombre no consuela a nadie.
El vuelo también arrastra otra clase de riesgo. Entre susurros, mantas y silencios calculados, se teje entre Roberto y Hero una tensión que Trini observa desde el asiento de enfrente, y que termina destapando una vieja deuda entre los dos compañeros. Llegan a Australia cargando mucho más equipaje del que traían al despegar, se enfundan los trajes NBQ y caminan hacia un pueblo del que nadie ha vuelto a dar señales.
Thriller de contención biológica con una estructura que muestra el final antes que el principio, la novela combina precisión científica, humor seco y una lucidez incómoda sobre las personas que deben mantener la cabeza fría cuando lo demás falla.