Cassandra es una pastelera que vive en la sombra de una familia adinerada. Una noche, durante la celebración de los ocho meses de su sobrina, comienza a recibir mensajes de un extraño que la acecha.
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Cassandra es una pastelera que vive en la sombra de una familia adinerada. Una noche, durante la celebración de los ocho meses de su sobrina, comienza a recibir mensajes de un extraño que la acecha. Una rosa negra, una amenaza velada, y la creciente certeza de que alguien la ha estado vigilando durante semanas desencadenan una espiral de terror que pondrá a prueba sus límites.
En una mansión junto al mar, en la celebración de los ocho meses de su sobrina Dafne, Cassandra pasa desapercibida mientras su hermana Lucía y su cuñado Daniel presumen de su imperio empresarial. Como pastelera, su único rol en la festividad es ser la artesana invisible detrás de los postres que decoran las mesas. Pero aquella noche, su anonimato se quiebra cuando un extraño la elige como destinataria de un juego peligroso.
Todo comienza dos semanas antes, cuando Cassandra comienza a sentir una presencia amenazante. En el oscuro estacionamiento de la pastelería, bajo la débil luz de un farol solitario, la sensación de ser vigilada se convierte en certeza. Esa vigilancia persistente no desaparece: la sigue a casa, al trabajo, a cada rincón de su vida cotidiana. Aunque su mente le susurra que podría ser paranoia, su instinto grita que el peligro es real.
Durante la fiesta, mientras busca un respiro junto al mar, un mesero le entrega una rosa negra. La flor negra contrasta de manera inquietante con el blanco y dorado de las decoraciones. Atada al tallo se encuentra una nota enigmática: un viajero enmascarado ha dejado un regalo esperándola en el pasillo de espejos, la zona prohibida de la mansión.
La curiosidad vence al miedo. Cassandra se aventura hacia ese corredor de espejos donde su reflejo se fragmenta en cientos de versiones distorsionadas. Allí encuentra una segunda rosa negra, esta vez con espinas, acompañada de una palabra única que devuelve su angustia: Muerte.
Lo que comienza como una amenaza velada evoluciona hacia un suspenso creciente. ¿Quién es este perseguidor enmascarado? ¿Por qué ella ha sido elegida? A los veintiséis años, cuando su único sueño es abrir su propia pastelería, Cassandra no puede permitir que un extraño anónimo controle su destino. Sin embargo, cada gesto, cada mirada de los invitados, cada sombra en la mansión, se convierte en una potencial amenaza. La novela se desenvuelve como una arquitectura de misterio meticulosamente construida, donde las rosas negras tejen una trama en la que la identidad del perseguidor permanece oculta y la promesa de violencia inminente pende constantemente sobre la protagonista.