Un ensayo que cruza astrología, mitología y tarot para pensar el amor y el deseo en tiempos de redes sociales. A partir de Venus —regente de Libra y Tauro— la autora recorre la autoestima, el placer, el cuerpo y el modo en que nos…
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Un ensayo que cruza astrología, mitología y tarot para pensar el amor y el deseo en tiempos de redes sociales. A partir de Venus —regente de Libra y Tauro— la autora recorre la autoestima, el placer, el cuerpo y el modo en que nos vinculamos, apoyada en su experiencia de consultorio y en historias reales con nombres cambiados. No ofrece recetas ni tablas de compatibilidad: propone preguntas, mirada arquetípica y una forma más gentil de encontrarse con el otro.
Escrito desde una premisa que la autora enuncia sin rodeos —«antes que ser astróloga, soy mujer»—, este libro toma a Venus como llave para revisar aquello que solemos dar por sentado: cómo amamos, qué consideramos valioso, cuánto placer nos permitimos y qué hacemos con la presencia del otro.
El punto de partida es un diagnóstico de época. El prólogo sitúa el auge de las redes sociales y describe un paisaje de yoes hiperproducidos, desencuentros y soledades, donde el algoritmo devuelve siempre el propio reflejo. Sobre ese fondo, la obra se pregunta qué queda del encuentro cuando el otro compite con una imagen ideal.
La respuesta que ensaya no es normativa sino simbólica. Venus aparece desdoblada en sus dos regencias: como regente de Libra habla del vínculo entre pares, de la proyección, de la seducción y de esa paridad que se pierde cuando uno se instala por encima del otro; como regente de Tauro, del propio cuerpo, de la autoestima, de los talentos y de los recursos, incluido el dinero. Alrededor de esos ejes se ordenan las Casas 2 y 7, los aspectos entre planetas y la distinción, cuidadosamente desarmada, entre autoestima y narcisismo.
A la lectura astrológica se suman otras dos capas. La mitología grecorromana y las diosas leídas al modo de Jean Shinoda Bolen funcionan como mapas de conflictos humanos; el tarot, en una versión inspirada en el de Marsella, aporta imágenes que ensanchan la mirada. Todo se apoya en la idea de arquetipo: modelos heredados de conducta que operan como autopistas, cómodas y veloces, pero que rara vez coinciden con el camino propio.
El libro repasa además las categorías tradicionales de lo femenino y lo masculino, y explica por qué la autora decidió dejar de nombrarlas así, en diálogo con los movimientos de mujeres y del colectivo LGBTIQ. Recorre también el peso de los mandatos estéticos y la apertura contemporánea hacia otras bellezas posibles.
Formado con material de consultorio, biografía propia e historias de amigas y amigos —con nombres y escenarios modificados—, el texto avanza en prosa cercana, con humor y sin promesas de verdad revelada. Su apuesta es más modesta y más difícil: habitar la pregunta, tratarse con ternura y legitimar al otro.
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