Un astronauta muerto aparece en el césped de una casa de las afueras, y el marido solo piensa en el contenedor correcto para tirarlo. Con ese arranque, esta antología de relatos de Patrick Whittaker convierte lo absurdo, lo fantasmal y lo…
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Un astronauta muerto aparece en el césped de una casa de las afueras, y el marido solo piensa en el contenedor correcto para tirarlo. Con ese arranque, esta antología de relatos de Patrick Whittaker convierte lo absurdo, lo fantasmal y lo cruel en radiografías de la vida cotidiana británica: matrimonios que olvidaron sus promesas, un padre que recibe llamadas de una hija desaparecida a las 9:03 en punto y una maestra al borde del colapso frente a una caja de sombreros que muerde.
Astronautas Muertos y Otros Relatos reúne narraciones breves de Patrick Whittaker en las que lo imposible irrumpe sin pedir permiso en escenarios deliberadamente comunes: un jardín trasero, una sala de estar con reloj de pared, el patio de una escuela.
El relato que da título al volumen —galardonado con el Premio al Mejor Relato de la British Fantasy Society— parte de una premisa tan disparatada como precisa: en la avenida Acacia, los astronautas muertos caen del cielo con la regularidad de una plaga de jardín. Para Ed Morgan, contable jubilado de la ilusión, son un estorbo entre la poda de las rosas y el corte del césped; para el vecino entrometido, un atentado contra los precios inmobiliarios; para el funcionario de saneamiento, una infracción del código de reciclaje. Solo Mary, la esposa, se arrodilla a mirar el rostro tras el visor y reconoce en él todo lo que la pareja prometió ser y no fue: los jóvenes que recorrían los Alpes en moto y juraban viajar a las estrellas. La comedia de costumbres se transforma entonces en una historia de reconciliación bajo el cielo nocturno, sin abandonar nunca su humor seco.
“09:03” cambia el registro por completo. Un vecino es invitado a presenciar algo que la policía se niega a creer: cada noche, exactamente a las nueve y tres minutos, Charles Lawford atiende una llamada de su hija desaparecida, que dice estar en un lugar oscuro con una luz al fondo. El testigo escucha únicamente el tono de marcado. Cuando el cuerpo de la joven aparece en el fondo de un pozo minero abandonado, el relato aprieta el nudo: la mentira piadosa de un vecino, el duelo que se descompone en locura y un último timbre de teléfono que reordena todo lo anterior.
“Cabeza” sigue a Emily Green, maestra de treinta y seis años que arrastra una resaca, una aventura fallida con el jefe de juegos y un rencor que escribe en la pizarra como si fuera un castigo escolar. Su vigilancia del recreo la lleva hasta un pabellón de críquet donde un grupo de alumnos rodea una caja de sombreros con algo dentro. Algo que muerde.
Whittaker escribe con diálogo afilado, ironía británica y una notable capacidad para deslizar la ternura o el terror justo cuando el lector se ha acomodado en la risa. Los relatos comparten un mismo procedimiento: aceptar el prodigio como un trámite doméstico más y dejar que sea la reacción de la gente corriente —su mezquindad, su burocracia, su nostalgia— la que revele lo verdaderamente extraño. Esta edición en castellano se publica con autorización del autor bajo licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0.
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