Crónica periodística que recorre veinte casos de asesinos seriales detenidos en México entre 1986 y la actualidad, desde los Sádicos de Matamoros hasta el Carnicero de Atizapán, para preguntarse qué hay detrás de quienes matan de manera…
Descargar
Crónica periodística que recorre veinte casos de asesinos seriales detenidos en México entre 1986 y la actualidad, desde los Sádicos de Matamoros hasta el Carnicero de Atizapán, para preguntarse qué hay detrás de quienes matan de manera reiterada y por qué las instituciones tardaron tanto en detenerlos.
Un reportero de la fuente policial descubre, en octubre de 2007, que un caso atroz puede cambiar el rumbo de una carrera: la detención del llamado Caníbal de la Guerrero le da la crónica que llevaba meses buscando. De esa paradoja —el oficio que crece a la sombra del horror— nace este libro, un recorrido por dos décadas largas de homicidios seriales en México reconstruido con expedientes, carpetas de investigación y notas de prensa de cada época.
El volumen avanza caso por caso. La pareja que en 1991 atrajo a jóvenes fronterizas con promesas de trabajo y papeles para cruzar a Estados Unidos y las mantuvo cautivas en un rancho cerca del Río Bravo. El estrangulador que durante años dejó cuerpos en hoteles de paso del centro de la Ciudad de México, con mensajes en lápiz labial sobre los espejos y una sucesión de detenidos que resultaron no ser el culpable. El hombre culto que pintaba, escribía poemas sobre rosas y tallos y salía de noche vestido de mujer. Y después el Caníbal de Chihuahua, el Asesino de las Vías del Tren, el Sádico, la Mataviejitas, el Chacal del Bordo de Xochiaca, el Matachavitas, la Matataxistas, el Coqueto, el Descuartizador de Chihuahua, la Madrina, el Asesino del Tinaco, el Comecorazones, los Monstruos de Ecatepec, el Monstruo de Toluca, el Matanovias, el Carnicero de Atizapán, hasta cerrar con Ciudad Juárez entendida como territorio de exterminio feminicida.
La narración no se conforma con el inventario. Reconstruye momentos de la vida de los homicidas, describe los barrios y los años en que operaron, y deja ver un patrón incómodo: la mayoría de las víctimas fueron mujeres cuya condición social hizo que sus muertes se investigaran tarde o no se investigaran nunca, y las capturas rara vez llegaron por mérito ministerial, sino por una delación, un descuido o un golpe de azar. El texto se sostiene sobre preguntas que atraviesan cada capítulo —dónde termina el ser humano y dónde empieza el homicida, si estos criminales nacen o se hacen, si sus métodos han cambiado con los años— y sobre una advertencia editorial explícita: los nombres de las víctimas fueron sustituidos por otros ficticios para evitar revictimizarlas, mientras que los de los señalados se conservan tal como aparecen en la documentación pública.
El prólogo aclara desde el inicio que no se trata de un tratado jurídico, criminológico ni psiquiátrico, sino de una crónica que busca acercar al lector a un fenómeno con más sombras que luces. El epílogo desplaza el foco hacia la conclusión más dura del conjunto: el verdadero homicida serial es la impunidad. Entre ambos extremos, el libro ofrece un retrato del país que estos crímenes revelan tanto como de los individuos que los cometieron.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.