Un guionista de cine recuerda cómo, en el verano de 1994, recibe una llamada de Warner Brothers para adaptar «El prisionero de Zenda» a una miniserie.
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Un guionista de cine recuerda cómo, en el verano de 1994, recibe una llamada de Warner Brothers para adaptar «El prisionero de Zenda» a una miniserie. Mientras se prepara para reunirse con productores norteamericanos en París, recibe una propuesta inesperada de Stanley Kubrick para trabajar en un proyecto cinematográfico. El texto revela los encuentros del autor con grandes directores de Hollywood y cómo sus decisiones profesionales lo llevan a proyectos transformadores.
En la primavera y el verano de 1994, un reconocido guionista de cine recibe misteriosas llamadas de Warner Brothers preguntando por su disponibilidad. Tras meses de intriga, descubre que desean que convierta «El prisionero de Zenda» en una miniserie televisiva de cuatro capítulos. A pesar de su escepticismo inicial hacia la televisión norteamericana, su agente lo convence para reunirse en París con los productores.
Lo que sigue es una crónica deliciosa de encuentros con la industria del cine: desde un almuerzo frustrante en un restaurante parisino donde el ejecutivo llega tardísimo, hasta conversaciones sobre trabajos pasados con grandes directores como Stanley Donen, con quien colaboró en «Dos en la carretera». El autor evoca con nostalgia esa experiencia cinematográfica y contrasta la calidad del cine europeo con las prácticas de Hollywood.
Pero el verdadero giro llega cuando, durante unas vacaciones en Menorca, recibe la llamada de Stanley Kubrick. El legendario director le ofrece trabajar en un proyecto cinematográfico, aunque es vago sobre los detalles. Kubrick envía fotocopias de una novela corta que transcurre en Viena a finales del siglo diecinueve: la historia de un médico llamado Fridolin y su esposa Albertina, cuyas vidas se transforman tras asistir a un baile de disfraces.
La narración se convierte en una reflexión sobre decisiones creativas, compromisos artísticos y encuentros con los gigantes del cine. Es una ventana privilegiada a cómo se gestan los grandes proyectos cinematográficos.