Madrid, 1631. Mientras la monarquía hispánica sostiene la guerra en Flandes e Italia y se tensa con Roma y con la Francia de Richelieu, una cadena de muertes entre las jóvenes que sirven a los infantes siembra el pánico en la corte de…
Descargar
Madrid, 1631. Mientras la monarquía hispánica sostiene la guerra en Flandes e Italia y se tensa con Roma y con la Francia de Richelieu, una cadena de muertes entre las jóvenes que sirven a los infantes siembra el pánico en la corte de Felipe IV. Salvador Vaquero cruza la investigación de esos crímenes con dos destinos opuestos: un hidalgo cacereño que se estrena en la batalla ante los muros de Breda y un bufón deforme al que el pincel de Velázquez acabaría dando la inmortalidad.
A comienzos de 1631 el imperio libra demasiados frentes a la vez: los tercios se desangran en los Países Bajos, la política italiana se enreda con el Vaticano y la frontera con Francia huele a guerra. En ese escenario, las muertes sucesivas de varias meninas y sirvientas del Alcázar dejan de ser un asunto doméstico y se vuelven un problema de Estado: alguien mata dentro de palacio y, detrás del crimen, parece moverse una maraña de intrigas y sublevaciones capaz de agrietar los cimientos de la monarquía.
Don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, gobierna con mano firme y aun así no acierta a detener el escándalo, mientras el rey se entretiene contratando pintores para los salones del Buen Retiro y bufones que le aparten de sus obligaciones. La investigación, vigilada de cerca por la Inquisición, termina apoyándose en la persona a la que nadie concede crédito: Juan Martín Calabazas, el enano de la corte, un hombre al que los espejos devuelven una imagen que detesta y que esconde tras una sonrisa de idiota una inteligencia capaz de fascinar a duques y reyes.
Paralelamente, la novela sigue a Álvaro de Ovando, hidalgo segundón de Cáceres empujado por el peso de su apellido. Su bautismo de fuego frente a los muros de Breda abre el libro con picas, mosquetes, niebla y barro, y con un desengaño que lo marcará: la victoria le enseña que el honor prometido se descompone entre saqueadores que despojan a los heridos. Nombre, miedo, deber y culpa serán su verdadero aprendizaje.
Vaquero envuelve ambas tramas en un juego de veracidad muy del género: un narrador que asegura haber reconstruido los hechos a partir de crónicas olvidadas, legajos deteriorados y bibliografías leídas sin atención, y que confiesa cuál fue su fuente decisiva, un cuadro del Prado. De ahí la pregunta que recorre el libro —qué le queda a un hombre para no desaparecer, un hijo, un libro, un retrato— y el enigma de por qué el mayor pintor del siglo retrató dos veces a un bufón.
Intriga criminal, novela de corte y relato bélico se alternan en un fresco de la España de la decadencia, escrito con detalle documental y atención al lenguaje de la época.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.