Antifa. Manual de antifascismo es un ensayo breve y abiertamente comprometido que reconstruye la historia transnacional del antifascismo militante desde comienzos del siglo XX hasta la primera era Trump.
Descargar
Antifa. Manual de antifascismo es un ensayo breve y abiertamente comprometido que reconstruye la historia transnacional del antifascismo militante desde comienzos del siglo XX hasta la primera era Trump. Escrito con urgencia, en medio de una oleada de agresiones racistas, antisemitas, islamófobas y tránsfobas en Estados Unidos y Europa, el libro sostiene que la respuesta organizada frente a la extrema derecha no es una reliquia de 1945, sino una tradición política viva, con más de cien años de continuidad. A partir de sesenta y una entrevistas a militantes de diecisiete países, el autor combina crónica, historia y teoría para explicar qué es el fascismo, qué es el antifascismo y por qué ambos siguen definiéndose mutuamente en el presente.
El punto de partida de este libro es un inventario incómodo: un centro islámico incendiado en Texas, una agresión tránsfoba en Washington D. C., lápidas derribadas en un cementerio judío de Rochester, cánticos de «¡Construye el muro!» en un instituto de Míchigan. A partir de esa acumulación de hechos, y de la constatación de que muchas de esas violencias se produjeron al amparo de un clima político concreto, el autor formula la tesis que recorre toda la obra: el fascismo no fue derrotado de manera definitiva en 1945, y la memoria de sus víctimas tampoco está a salvo.
La primera parte del ensayo se dedica a definir el terreno. Definir el fascismo es difícil precisamente porque se trata de un movimiento que rechazó atarse a una doctrina y que hizo del mito nacional su único principio estable; el libro recurre a la caracterización de Robert Paxton —obsesión por el declive y la humillación de la comunidad, cultos compensatorios de unidad y pureza, violencia redentora sin límites éticos ni legales— para fijar un punto de referencia. El antifascismo, por su parte, no se deja reducir a la simple negación de su adversario. El autor lo presenta como un método político, una forma de identificación colectiva y un movimiento transnacional nacido del cruce entre las tradiciones socialistas, comunistas y anarquistas y la estrategia de la acción directa.
De ahí surge la distinción central del libro: entre quienes confían en la vía legal y las normativas antirracistas y quienes optan por el enfrentamiento directo para obstaculizar la organización de la extrema derecha. Esta segunda corriente —«antifascismo radical» en Francia, «autónomo» en Alemania, «militante» en el mundo anglosajón e Italia— es la que el autor sigue de cerca, describiendo su repertorio de prácticas, sus banderas rojas y negras, sus debates internos entre autodefensa y proyecto revolucionario, y ese «antifascismo cotidiano» que sostiene tabús sociales frente al racismo, el sexismo y la homofobia.
El relato histórico se abre con escenas fundacionales: la emboscada a las Juventudes Patrióticas en el Montmartre de 1925, las ligas antisemitas del caso Dreyfus y la Coalición Revolucionaria que las enfrentó en la calle, el Ku Klux Klan como precursor funcional del fascismo y la campaña de Ida B. Wells contra los linchamientos. Desde ahí, el libro traza un arco que enlaza a los Arditi del Popolo con los militantes actuales, pasando por Cable Street, el «¡No pasarán!» madrileño y el ascenso reciente de partidos de extrema derecha «respetables».
El autor no finge neutralidad y explica por qué: no la considera posible ante el racismo, el genocidio y la tiranía. También expone con franqueza los límites de la obra —su foco en América del Norte y Europa, su marco temporal, el plazo de escritura ajustado— y sitúa el antifascismo dentro de una historia más larga de resistencia al supremacismo blanco, el colonialismo y el autoritarismo. El resultado es menos una historia definitiva que un tapiz impresionista con vocación de herramienta: un manual pensado para ser usado, con la esperanza declarada de que algún día deje de hacer falta.