Dos amigas de la infancia estrenan casa, ciudad y carrera universitaria en Orlando, hasta que el vecino de enfrente pone a prueba las reglas que una de ellas se impuso para no volver a enamorarse.
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Dos amigas de la infancia estrenan casa, ciudad y carrera universitaria en Orlando, hasta que el vecino de enfrente pone a prueba las reglas que una de ellas se impuso para no volver a enamorarse. Narrada con humor cotidiano desde la voz de Allison, una estudiante de física convencida de que el amor es una distracción, esta novela romántica sigue el pulso de una convivencia donde la amistad y la desconfianza compiten por el mismo lugar.
Allison Leyton y Javiera Foster crecieron puerta con puerta, se separaron a los catorce años por una tragedia familiar y sostuvieron la distancia a punta de llamadas telefónicas y promesas. Cuando llega el momento de entrar a la universidad, cumplen la más importante de esas promesas: mudarse juntas a una casa en Orlando, cedida por la tía que crió a Javiera bajo un acuerdo tácito de que Allison sea, además de compañera de cuarto, una especie de ancla.
El reparto de papeles está claro desde la primera caja que descargan del auto. Javiera estudia arte y diseño, vive hacia afuera, colecciona zapatos y novios equivocados con la misma facilidad. Allison estudia física, prefiere los libros a las vitrinas, usa anteojos que se le empañan con la humedad de Florida y arrastra un poncho de lana heredado de su abuela que se niega a abandonar. También arrastra una lista de desengaños —un primer amor que convirtió su intimidad en anécdota de amigos, dos relaciones posteriores que terminaron igual— y una conclusión que repite como consigna: los hombres deberían ocupar el tercer plano de la vida, o ninguno.
Esa consigna dura exactamente lo que tarda en aparecer Ethan Scott. Lo ven primero en la fila del supermercado, rodeado de chicas que ríen demasiado; lo encuentran después sentado en la terraza de la casa de enfrente, con otra acompañante. Vive con su hermana, tiene una sonrisa entrenada y la costumbre de aparecer justo cuando hay bolsas que cargar o botellas que abrir. A Javiera le basta un vistazo para cambiarse de pantalones dentro del auto y para improvisar una invitación a cenar sushi que no sabe preparar. A Allison le basta un apretón de manos para descubrir que su fortaleza tiene una grieta, y que la grieta tiene forma de vecino.
Ante sus ojos avanza por escenas domésticas —la mudanza, el supermercado, la primera cerveza compartida, la cena que hay que cocinar a regañadientes— en las que la comedia de convivencia va destapando algo más incómodo: el deseo que Allison no admite, la lealtad que la obliga a callarlo y la sospecha de que su desconfianza, más que protegerla, la mantiene a un costado de su propia vida. Con narración en primera persona, diálogo de ritmo rápido y una mirada irónica sobre los rituales del coqueteo, la novela plantea un triángulo en el que lo que está en juego no es solo quién se queda con quién, sino cuánto puede costar una amistad que lleva toda la vida en construcción.
Primera obra de Lorena Morales publicada de forma independiente en 2014, la historia se dirige a lectores de romance juvenil y new adult que disfrutan de protagonistas contradictorias, escenarios universitarios y un enamoramiento que se cocina a fuego lento, entre cajas por desempacar y reglas que estaban destinadas a romperse.