Un abogado porteño sueña con un puente de piedra, un castillo y cinco flores de lis; al otro lado del mundo, un obispo tatuado muere degollado en la cripta de la catedral de Estrasburgo antes de terminar el anuncio que le había sido…
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Un abogado porteño sueña con un puente de piedra, un castillo y cinco flores de lis; al otro lado del mundo, un obispo tatuado muere degollado en la cripta de la catedral de Estrasburgo antes de terminar el anuncio que le había sido confiado. Entre esos dos hechos, aparentemente inconexos, «Anixa. La cruzada de los Ángeles» abre una trama que cruza continentes, siglos y dimensiones para preguntarse qué ocurre cuando un hombre común descubre que su vida entera estaba escrita de antemano.
Buenos Aires, abril de 2004. Alejandro Arce despierta con la certeza incómoda de haber vivido algo más real que su propia vigilia: se ha visto vestido de caballero medieval sobre un puente de tres arcos, siguiendo las señales de un río hasta un alcázar de piedra rodeado de praderas, y ha besado una flor de lis que hizo brotar otras cinco en forma de pentagrama. Con el café en la mano, el sueño se le disuelve en la rutina de la gran ciudad, aunque una frase de Borges leída la noche anterior —la idea de que todos los hechos de una vida han sido fijados por quien la vive— queda vibrando como una advertencia que aún no sabe leer.
Cuatro meses después, en la madrugada del 20 de agosto, el obispo Jean Baptiste Martineau entra por la puerta sur de la catedral Notre-Dame de Estrasburgo. Lleva tatuados sobre la piel unos signos que recibió por corazonada, y esa mañana, bajo la luz que enciende las vidrieras del altar mayor, comprende de golpe la magnitud de aquello en lo que se ha enrolado: es la avanzadilla, el anunciador de un Elegido al que no conoce y del que, sin embargo, ya lo sabe todo. Su revelación queda interrumpida. Un hombre enorme y pálido, fugado de un hospital psiquiátrico de Oslo y convertido en ejecutor de una voluntad que no le pertenece, lo arrastra hasta la cripta y culmina un rito cuyas palabras ni siquiera entiende. La anunciación queda a medias, y ese silencio tendrá consecuencias.
Desde Nexus Time, otra dimensión a millones de años luz, Anixa asiste al crimen con el corazón desbordado. Ella cargó una vez con una cobardía antigua —haber negado a otro en la hora de la prueba— y ha jurado que el Elegido no volverá a quedarse solo. En La Tierra, mientras tanto, Alejandro aguarda un vuelo demorado en el aeropuerto de Mendoza, observa a una familia sueca cuya intimidad le devuelve el retrato de su propia sequedad afectiva, recibe una amenaza de muerte por el caso que lo enfrenta al poder eclesiástico y termina golpeado en el suelo de unos servicios públicos. De esa paliza saldrá con el cráneo intacto y con una lección que no esperaba: que la vida a veces apedrea a alguien para apartarlo de un camino equivocado.
En Estrasburgo, el inspector general Jean Paul Marerchaud desciende solo a la cripta y encuentra un escenario que no encaja. Hay marcas de estrangulamiento previas al degüello, cirios recién apagados, manos limpias que no pudieron dejar las huellas ensangrentadas de dos columnas gemelas, y unos capiteles cubiertos de figuras con cuernos que devuelven a la memoria una vieja leyenda alsaciana: la del diablo que entró en la catedral atraído por su propio reflejo y quedó allí encerrado, mientras el viento sigue esperándolo afuera, en la plaza.
Ópera prima de la escritora y abogada argentina CJ Nemo, «Anixa. La cruzada de los Ángeles» entrelaza thriller de investigación, novela de misterio simbólico y relato de vocación espiritual. Sus personajes son duales y limitados, condicionados por el tiempo que les toca vivir, y avanzan por escenarios que van del Buenos Aires contemporáneo a la Alsacia gótica, del sueño medieval a la burocracia policial, de la fe a la sospecha. Bajo la superficie del enigma —los signos, el 613, las flores de lis, el plan gestado durante siglos— late una pregunta más íntima y más difícil: si el destino ya está escrito, qué queda del coraje, del amor y de la elección propia.