Ensayo argentino de divulgación espiritual que aborda la existencia de los ángeles como "sustancias intermedias", partiendo de los límites de la percepción humana y de una revisión filosófica del concepto de materia.
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Ensayo argentino de divulgación espiritual que aborda la existencia de los ángeles como "sustancias intermedias", partiendo de los límites de la percepción humana y de una revisión filosófica del concepto de materia.
Un libro sobre ángeles que empieza, deliberadamente, hablando de otra cosa: de hercios, de longitudes de onda, de bacterias invisibles y de todo aquello que ocurre a nuestro alrededor sin que ningún sentido humano llegue a registrarlo. Esa es la apuesta de la autora, médica psiquiatra y psicoanalista formada en la Universidad Nacional de La Plata: antes de hablar de lo que no se ve, conviene demostrar hasta qué punto lo que sí creemos ver es una construcción parcial, corregida y a menudo engañosa.
El recorrido avanza en dos movimientos. Primero, lo subjetivo: el oído humano acotado entre veinte y veinte mil hercios, el olfato casi irrelevante de una especie microsmática, la vista como el más discutible de los sentidos, deformada por relieve y perspectiva. De ahí se sigue una conclusión incómoda: la fracción de realidad que aprehendemos es mínima y está sometida a permanentes correcciones del intelecto. Luego, lo objetivo: si los sentidos fallan, ¿qué queda de los objetos? La respuesta se apoya en Aristóteles —materia y forma, potencia y acto—, en Descartes y su definición de sustancia, y en la observación de que nunca vemos materia, sino sillas, libros, techos. La materia, sostiene la autora, es una abstracción inventada por el hombre para volver manejable lo que se le escapa entre los dedos.
Sobre ese terreno despejado aparece la propuesta central: la noción de sustancia intermedia, término acuñado aquí para nombrar la realidad de los ángeles sin recurrir a la dicotomía material/inmaterial. Los ángeles no serían inmateriales porque la materia misma no existe como entidad separable; serían sustancias que existen por sí mismas, fuerzas activas cuya percepción depende tanto del intelecto de quien mira como del de aquello que se manifiesta.
La segunda parte del recorrido se vuelve testimonial y clínica. La autora inventaria las vías por las que se ha dicho ver o dialogar con ángeles —los sueños, el estado hipnótico, el fenómeno espontáneo, el milagro, los rituales de invocación— y las contrasta con su propia experiencia de consultorio. Aquí el libro gana su tono más singular: la psiquiatra que reconoce que Freud leería en el ángel soñado una figura parental idealizada, y que en general acierta, pero que también relata el sueño premonitorio de una joven de dieciocho años ante el cual eligió el silencio respetuoso, porque ninguna interpretación clásica le servía. A esas páginas se suman incursiones en el control mental, los viajes astrales, la Cábala, la figura alquímica de Mercurio y el Mago Interior como potencia creadora de formas.
El resultado es un ensayo que se mueve entre la física, la metafísica aristotélica, el psicoanálisis y la tradición esotérica sin pedir permiso a ninguna de ellas, y que declara desde el prólogo su horizonte: tantear en un territorio donde la razón teme aventurarse pero la voluntad y el amor se animan. Los ángeles son el motivo de esta búsqueda; la autora deja abierto que mañana serán otras las sustancias intermedias.
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