Amor, treintañera y recién salida de una relación de más de diez años, viaja sola a Mallorca para intentar recomponerse. Entre insolaciones, llamadas con su amiga Alex y noches sin dormir en el sofá, un encuentro casual en la playa con…
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Amor, treintañera y recién salida de una relación de más de diez años, viaja sola a Mallorca para intentar recomponerse. Entre insolaciones, llamadas con su amiga Alex y noches sin dormir en el sofá, un encuentro casual en la playa con Sebastian —un alemán afincado en la isla, atrapado en una relación de conveniencia— abre la puerta a la pregunta que da título a la novela: si lo que viene después es amor o simple casualidad.
Amor —así la llamaron sus padres, para desgracia de cualquier amante despistado— llega a Mallorca hecha pedazos. Hace casi un año que su pareja de toda la vida la dejó sin despeinarse, y desde entonces vive en casa de sus padres llorando a escondidas, engordando por ansiedad y refiriéndose a su ex únicamente como “el innombrable”, igual que a Voldemort. Ha probado psicólogos, pastillas, tarot, amarres y Tinder; nada funciona. Así que deja el trabajo, alquila un apartamento para seis personas para ella sola y se marcha un mes a la isla con la intención declarada de aislarse del mundo y no dar explicaciones a nadie.
El viaje empieza como acabará casi todo lo suyo: torcido y con gracia. Se queda dormida tres horas al sol, se despierta con una insolación de libro, la cara marcada a lunares por los agujeros del sombrero de paja y el bikini por los aires. Quien se lo devuelve es un desconocido guapo al que ella despacha sin mirarlo, convencida de que es otro relaciones públicas de discoteca. Lo que sigue son urgencias a golpe de taxi, farmacias carísimas, un sofá gris al que bautiza Dumbo y largas videollamadas con Alex —su amiga de toda la vida, deslenguada, alérgica a los abrazos y firme partidaria de que la cura para un corazón roto pasa por salir de fiesta.
En paralelo avanza la voz de Sebastian, alemán que hace más de diez años cambió unas vacaciones por una vida entera en Mallorca. Empezó captando chicas en la playa para una discoteca y dando clases de alemán en invierno; ahora arrastra cuatro años con Marina en un pacto tácito de conveniencia que ninguno de los dos llama relación: ella usa su tarjeta, él evita la soledad, ambos fingen que les basta. Los caprichos, las amenazas de compras y las reconciliaciones de manual empiezan a agotarlo, y la sensación de rutina crece hasta volverse insoportable.
Con la llegada de Alex a la isla y la primera noche de fiesta en el horizonte, la novela pone frente a frente dos formas de estar rotos: la de quien no sabe soltar y la de quien nunca llegó a agarrarse. Contada con humor de trinchera, mucha ironía sobre el desamor, la familia numerosa y la vida de temporada alta, es una historia sobre hacer las paces con la propia mala suerte y descubrir que, a veces, el universo compensa los palos con un encuentro que no se buscaba.
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