Tras una vida de control y crítica, Robin Woodrow huye a Hong-Kong en busca de transformación. Su nuevo trabajo como secretaria del magnate Scott Shipley promete más que un salario: representa la oportunidad de reinventarse.
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Tras una vida de control y crítica, Robin Woodrow huye a Hong-Kong en busca de transformación. Su nuevo trabajo como secretaria del magnate Scott Shipley promete más que un salario: representa la oportunidad de reinventarse. Pero en la Encrucijada del mundo, donde Oriente y Occidente se encuentran, descubrirá que cambiar de geografía no es lo mismo que cambiar de corazón.
Robin Woodrow ha pasado sus veinticuatro años bajo el peso de la expectativa: la belleza de una cara que todos alaban, pero una interioridad constantemente erosionada por los juicios de su tía Olive. Educada en la creencia de que la apariencia sin comportamiento intachable es vacía, Robin ha aprendido a no confiar en lo que ve en el espejo, a no creer en la admiración de otros. Cuando Edward Mulhoon desaparece de su vida sin despedida, apenas antes de Navidad, algo se quiebra en Robin: el patrón que ha definido su existencia pierde autoridad.
En la noche de año nuevo, decidida por primera vez en su vida a elegirse a sí misma, Robin responde a un anuncio de prensa. El puesto es secretaria en Hong-Kong, trabajando para un hombre cuyo nombre evoca sofisticación internacional: Scott Shipley. Aunque Robin se justifica con razones pragmáticas—viajar, experimentar, liberarse—sabe que la atracción real del puesto reside en quien la contrataría.
El viaje es una odisea moderna: cruza el Meridiano de Cambio de Fecha, perdiendo y recuperando días, atravesando Honolulu y Tokio, acercándose lentamente a un territorio que existe en su imaginación como símbolo de exotismo y reinvención. Hong-Kong es la Encrucijada del mundo, el lugar donde Oriente y Occidente no solo se encuentran sino conviven, una ciudad que promete ser el escenario de una vida diferente.
Cuando Robin desciende en el aeropuerto de Kai Tak, agotada pero electrizada, reconoce inmediatamente a Scott Shipley en la terminal. Él la mira con cierta incredulidad antes de enfrentar la realidad de su presencia: una mujer cuya belleza no requiere preparación alguna. El encuentro genera en Robin una reacción visceral nueva: cuando sus manos se tocan, siente una energía que la sacude, una presencia magnética que la deja sin aliento. No es simplemente un cambio de trabajo o un viaje de escape. Es el comienzo de algo inevitable.
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