Ella Dawson consigue su primer empleo en una prestigiosa editorial y, el mismo día, choca dos veces con un motociclista insoportable. Lo que no sabe es que ese chico tiene un hermano gemelo idéntico: uno la trata como una princesa, el otro…
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Ella Dawson consigue su primer empleo en una prestigiosa editorial y, el mismo día, choca dos veces con un motociclista insoportable. Lo que no sabe es que ese chico tiene un hermano gemelo idéntico: uno la trata como una princesa, el otro la saca de quicio. Una comedia romántica argentina sobre el amor, la amistad y la imposibilidad de elegir.
A los diecinueve años, Ella Dawson cree que su vida por fin empieza. Después de repartir currículums sin suerte y de acumular cursos de escritura y corrección, consigue un puesto de pasante en Collins e hijos, una de las editoriales más prestigiosas del país. Lectora empedernida, criada entre Shakespeare y Jane Austen, se identifica con la Bella del cuento: la chica que prefiere los libros a la gente y que todavía espera a su príncipe. La diferencia, admite ella misma, es que Bella lo encuentra y ella jamás ha salido con nadie.
Su primer día de trabajo desmiente cualquier fantasía ordenada. Antes de subir la escalinata del edificio, una moto se sube a la vereda y un compañero desconocido —Adam, pelirrojo y pecoso— la empuja fuera del camino. El motociclista termina en el suelo, y cuando Ella se acerca a preguntarle si está bien, él responde con una burla que la deja roja de bronca. Horas después vuelve a chocarlo en un pasillo de la editorial; esa noche, celebrando con sus amigas en un bar recién inaugurado, se lo cruza por tercera vez. Solo que esta vez el chico se disculpa de verdad, sube con ella al escenario de la noche de karaoke, canta como los dioses y le toma la mano en el estribillo. Se llama Sam.
Lo que Ella tarda en descubrir es que Sam y el motociclista no son la misma persona. Son gemelos: Sam, atento y cuidadoso, capaz de dejarle una nota escrita con la mano temblorosa; y Chad, provocador, veloz, dueño de las palabras bonitas y de un desfile de conquistas. Los hermanos Collins acaban de abrir un bar juntos y se turnan cada tres meses entre el negocio propio y la empresa del padre —un hombre que, desde la muerte de la madre de ambos cuando tenían ocho años, no ha sabido dejar de sobreprotegerlos—. El resultado es un malentendido que se sostiene sobre dos caras idénticas y dos temperamentos opuestos.
Alrededor del triángulo se teje una red de afectos que sostiene la novela tanto como el romance. Kate, que perdió a su familia y ganó una casa gracias a una abuela viajera, y Jane, la becaria brillante que no soporta que le digan que es brillante, son el refugio adonde Ella lleva cada novedad, entre margaritas, Doritos y pizza. Leo, su hermano mayor, la alcanza al trabajo en un auto rojo al que quiere como a un hijo. Y en la oficina, entre boxes de vidrio y carpetas de alta, Adam le enseña que catalogar manuscritos ajenos puede ser el mejor lugar del mundo para alguien que ama las letras.
Escrita en primera persona y con capítulos que alternan la voz de Ella y la de Sam, la novela avanza a fuerza de diálogo ágil, humor cotidiano y un registro rioplatense que le da temperatura propia. La pregunta que la sostiene no es solo a cuál de los dos hermanos elegirá Ella, sino algo más incómodo: qué hacer cuando la persona ideal que uno imaginó resulta estar repartida entre dos cuerpos iguales y dos almas que no se parecen en nada.