Un recorrido narrativo por la historia de Estados Unidos que va de las primeras travesías atlánticas al estallido de la Primera Guerra Mundial, contada como relato antes que como cronología escolar, con sus triunfos y sus culpas a la vista.
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Un recorrido narrativo por la historia de Estados Unidos que va de las primeras travesías atlánticas al estallido de la Primera Guerra Mundial, contada como relato antes que como cronología escolar, con sus triunfos y sus culpas a la vista.
Esta obra nace de una convicción sencilla y de una queja: la historia de Estados Unidos merece ser contada como una historia, y los manuales escolares rara vez lo consiguen. Frente a la cronología comprimida en datos que los estudiantes olvidan apenas cierran el libro, el autor propone un relato que se permite el drama, el misterio, la comedia y la tragedia, porque entiende que el mejor texto de historia es aquel que alguien quiera leer por gusto.
El arco abarca poco más de cuatro siglos, de 1492 a 1914. Comienza con Europa asomándose al horizonte occidental: los portugueses bordeando África, Bartolomé Díaz doblando el Cabo de Buena Esperanza, y un capitán genovés que insistía en llegar a las Indias navegando en dirección contraria. El relato sigue a Colón desde sus años de súplicas ante las cortes ibéricas hasta el amanecer del 12 de octubre, y no evita lo que vino después: el oro, el tabaco, la vulnerabilidad de los pueblos que salieron al encuentro de las naves, y una esclavitud que ya circulaba entre mercados africanos, musulmanes y cristianos mucho antes de que existiera una nación que la heredara.
De ahí en adelante, el libro avanza por las estaciones conocidas y por las menos transitadas: la ciudad sobre la colina de los colonos ingleses, las guerras entre Inglaterra y Francia por un continente, la revolución y la constitución redactada en Filadelfia cuando el país parecía deshacerse, los jeffersonianos y la expedición de Lewis y Clark, la democracia jacksoniana junto a la tragedia de la expulsión de los indios, el Kansas sangrante, Dred Scott, Fort Sumter, Gettysburg y la Reconstrucción. Cierra con la edad dorada, la conquista del oeste, Theodore Roosevelt, el interludio de Taft y las luces que empezaban a apagarse en Europa en 1914.
El autor declara sus motivos sin rodeos. Escribe, dice, porque hace falta esperanza; porque los estadounidenses merecen disfrutar del pasado de su país; porque hay una deuda de gratitud con quienes hicieron posible la libertad presente; porque quiere decir la verdad, incluidos los errores graves —la esclavitud no abolida en la fundación, las leyes de segregación—; y porque aspira a un patriotismo informado, no ciego, del tipo que Reagan reclamó en su discurso de despedida. Reivindica a Frederick Douglass y a Martin Luther King precisamente por haber apelado a los ideales fundacionales para exigir su cumplimiento, y adopta la fórmula de Cromwell: retratar al país con verrugas y todo, sin caer en la moda de ver solo las verrugas.
La edición se completa con una guía de recursos en línea, desarrollada por un equipo de educadores, que ofrece a docentes y estudiantes planificación de lecciones, resúmenes, materiales de evaluación, fuentes primarias, audios de discursos y episodios comentados por el autor. La intención es coherente con el libro: que la historia deje de leerse como una obligación.
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