Novela romántica contemporánea de Britany Collins. Meghan Turner huyó en moto de una familia poderosa de Los Ángeles y de un nombre que ya no le pertenece; hoy sirve copas en un bar de Hell's Kitchen y vive con su perro y los recuerdos que…
Descargar
Novela romántica contemporánea de Britany Collins. Meghan Turner huyó en moto de una familia poderosa de Los Ángeles y de un nombre que ya no le pertenece; hoy sirve copas en un bar de Hell's Kitchen y vive con su perro y los recuerdos que la ducha nunca se lleva. Cuando Alexander Miller —exmiembro de las fuerzas especiales, marcado por cicatrices y por los compañeros que no volvieron— entra a cubrir su mismo turno, ambos reconocen en el otro la misma clase de oscuridad. Contiene escenas sexuales explícitas y referencias a maltrato familiar y autolesión.
Hay huidas que empiezan de madrugada, con una bolsa a medio llenar y la tarjeta SIM fuera del teléfono. Así arranca Alma Negra: una chica criada en una de las familias prominentes de Los Ángeles decide que su vida deje de ser propiedad ajena, arranca la moto y cruza el letrero que marca el límite de la ciudad sin sentir un solo remordimiento. Año y medio después se llama Meghan Turner, vive en un piso pequeño de Nueva York con vistas que compró más por necesidad que por gusto, y comparte los días con un husky llamado Thunder que ladra buenos días y exige paseos por Central Park.
La reconstrucción no fue mérito exclusivamente suyo. Al llegar descubrió que a su abuela, Cherry Ann Turner, la habían encerrado en un geriátrico para apartarla del negocio familiar; sacarla de allí fue el primer acto de la nueva Meghan, y de esa alianza —una septuagenaria de pelo rosa, tacones imposibles y lengua afilada— nace buena parte del pulso vital del libro. Del apellido de la abuela sale también el nombre nuevo, y del bar de un viejo amigo suyo, el Cherry’s Bar de Hell’s Kitchen, sale el trabajo nocturno que Meghan usa como método para no pensar. Tatuajes, piercings, una Kawasaki y un talento casi incómodo para leer a la gente: todo funciona como armadura, salvo cuando se mira al espejo y cree ver a la chica que fue, sonriendo, esperando para atraparla.
Alexander Miller vuelve a la misma ciudad por el camino contrario. Nueve años en el frente con las fuerzas especiales y una baja con honores que a él le suena a mentira: sobrevivió a la explosión que se llevó a los suyos, y desde entonces no hay noche en que sus caras no le pidan cuentas. Se reencuentra con unos padres que lloran al verlo, con una hermana que ya no es una niña y con una sobrina que no sabía que existía, y aun así duerme sobre un colchón en el suelo de un piso vacío, incapaz de instalarse del todo en la vida civil. Trabajar en el bar es, sobre todo, una forma de no volverse loco.
Lo que ocurre cuando los ponen en el mismo turno no es un flechazo, sino un duelo de observadores. Ella lo cataloga —el oso gruñón, el soldado sin sentido del humor— y él la desarma en la primera copa compartida diciéndole lo único que nadie le dice: que miente bien. A partir de ahí, la novela avanza por los gestos pequeños del trabajo nocturno —el almacén, los clientes pesados, las bandas del sábado, el brindis de las cuatro de la mañana, las motos arrancando en direcciones opuestas— mientras cada uno defiende su territorio con la misma frase: tú en tu vida, yo en la mía.
El título nombra la tesis del libro. La protagonista abre su relato definiendo palabras —alma, negro, odio— porque necesita entender en qué se equivocó, y concluye que la suya está manchada; él carga con una culpa que solo sabe expresar como deuda. Alma Negra apuesta a que dos personas convencidas de estar rotas por motivos distintos pueden, sin proponérselo, formar juntas un tono propio. Es una historia de huida y de reconstrucción, con humor seco, familia elegida y una tensión que se cuece a fuego lento detrás de la barra.
Aviso para lectores: incluye contenido sexual explícito, lenguaje adulto, violencia bélica, trauma y estrés postraumático, maltrato familiar y alusiones a un intento de suicidio.