Un recetario peruano de alimentación medicinal que organiza dietas, jugos y platos caseros por dolencia, desde la acidez estomacal hasta el acné, apoyado en la tradición de los cultivos orgánicos de pequeña parcela.
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Un recetario peruano de alimentación medicinal que organiza dietas, jugos y platos caseros por dolencia, desde la acidez estomacal hasta el acné, apoyado en la tradición de los cultivos orgánicos de pequeña parcela.
Esta primera parte de un tratado de alimentación medicinal parte de una convicción sencilla: lo que se come puede ser tratamiento. El autor, editor de su propia obra y hablando desde una experiencia personal marcada por la pérdida de dos hijas, propone volver la mirada hacia la despensa peruana —la de los mil años de cultivos orgánicos, la de las chacras de una hectárea, la de los climas y altitudes que permiten cosechar casi solo con lluvia— y contrastarla con la mesa contemporánea de enlatados, transgénicos y animales criados a marchas forzadas.
El planteamiento inicial funciona como una guía de compra y de criterio: verduras de hoja verde oscuro antes que conservas, cebolla roja y ajo crudos, papas amarillas o moradas con cáscara, pescados azules por su omega 3, aceite de oliva virgen en las ensaladas, frutas frescas por encima de las procesadas. La leche recibe un apartado propio, con una preferencia declarada por la materna y, en segundo lugar, por la de vaca consumida el mismo día en el campo, frente a las fórmulas y envases de la ciudad.
A partir de ahí, la obra adopta una estructura de manual por capítulos, cada uno dedicado a una dolencia. El primero aborda acidez estomacal, dispepsia, indigestión y mal aliento; el segundo, el acné, que el autor clasifica según su origen —hormonal, digestivo, intestinal, hepático o emotivo— para derivar al lector a la dieta correspondiente. Dentro de cada capítulo se repite un mismo esqueleto: listas de alimentos recomendados y prohibidos, hierbas de apoyo, recomendaciones generales de hábito (agua, horarios, postura al dormir, evitar alcohol y tabaco) y, después, un recorrido por el día completo —ayunas, desayuno, almuerzo, cena, entrecomidas y rituales previos al sueño— con jugos, monodietas, infusiones, baños de vapor y cataplasmas.
La parte más extensa la ocupan las recetas: cremas de tomate, calabaza y zapallo; papas sancochadas con alverjas o palta; arroces con romero, laurel o zanahoria; sopas de arroz, de pimiento asado, de zanahoria con hoja de guayaba; ensaladas digestivas y nocturnas; trucha asada; y una batería de jugos de papaya, guanábana, pera con linaza, piña o fresa. Las indicaciones son domésticas y precisas —tiempos de cocción, cantidades, la insistencia en sal rosada o marina en lugar de sal blanca—, y muchas vienen acompañadas de una nota sobre a qué problema apuntan. El autor incorpora también anécdotas de su propio uso de algunos platos, referencias a productos concretos y una explicación detallada de la papaína extraída del látex de la papaya verde.
Cada capítulo cierra con su bibliografía —tratados de medicina natural, guías de jugos, manuales de plantas medicinales, publicaciones de divulgación— y con una advertencia que se repite: consultar a un médico o nutricionista antes de aplicar cualquiera de estas dietas o recetas. El resultado es menos un libro de lectura seguida que una obra de consulta, pensada para abrirse en la página del malestar del día.
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